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KEVLAR: "The Deadly Dozen" (CD BCore, 2000)
Plano general: una mesa repleta de papeles ante la que está
sentado un hombre de unos veinticinco años con una sonrisa de
oreja a
oreja. Los altavoces emiten las última notas de un CD
cuya caja
descansa sobre la mesa, una sencilla funda de cartón marrón
decorada
por la imagen de un saturno teja. El disco termina y vuelve a
comenzar. Gran invento la reproducción continua. Suena
una extraña
instrumental de acordes y melodías juguetonas que pronto
es substituida
por un torrente de guitarras emocionantes, poderosas a la vez
que
expresivas. El hombre y su sonrisa cada vez parecen más grandes.
"Me recuerdan a Aina" piensa "aunque el parecido está
más en el
fondo que en la forma. Será que comparten gustos comunes.
Lo que
sí es cierto es que no son la típica banda de
Post Hardcore".
Poco a poco va confirmando lo que intuía en escuchas
previas:
hay algo más que calidad en esos sonidos;
hay algo que le toca
en la fibra nerviosa. Repentinamente estalla una
tormenta de
feedback que se prolonga durante tres minutos y
amaina de súbito para retornar poco tiempo después en una
forma no
tan experimental, más definida en estructura, aunque no por
ello
menos incisiva. El hombre sigue ahí, y, con él,
su sonrisa.
"Increíble. Me deja pasmado su capacidad para construir
canciones
y dotarlas de un entramado tan dinámico y sugerente".
El final
se aproxima y, con él, las conclusiones.
"Tengo que reconocer
que no esperaba algo tan logrado. Pocas veces he
encontrado
treinta minutos tan aprovechados y llenos de ideas.
Se les
podría enmarcar dentro del Post Hardcore,
aunque la riqueza
de las canciones rompe con cualquier intento de
categorización,
al igual que su concepción de la estructura
y el riff. Demasiado
inconformistas para meterlos en el saco del Emo,
demasiado ruidosos
para entrar dentro del Pop, demasiado imprevisibles
para decir que
hacen Rock... sea como fuere, no hay duda
de que este disco invita
a hacerse con el resto de su producción".
La sonrisa del hombre se
ensancha aún más, el disco termina
y vuelve a comenzar.
Un gran invento esto de la reproducción continua.
Fundido en negro.
Comentario: Jorge X |