Viernes y sábado, Sala Aqualung, entradas vendidas, concierto fin de gira y yo por fin con entradas, además para el sábado, que supuestamente es el día en el que el espectáculo da más de sí, e incluso, si hay suerte, a lo mejor se pasa algún invitado para dar un toque más especial a la noche....
Y en esas entramos por la puerta y menos mal que no nos retrasamos mucho porque el concierto empezó relativamente puntual, quizás con el retraso justo, unos 15 minutos, para que terminaran de entrar los últimos rezagados a los que les había pillado la cola. Apareció súbitamente Fito, con su inseparable gorra y no menos alejada guitarra, a su alrededor los Fitipaldis, un "¡Buenas noches!" y todo un repertorio de armonías, ritmos y sentimientos.
El espectáculo fue intenso desde el principio, acompañado por el publico, no sólo haciendo "coros" en los estribillos, sino cantando de principio a fin las canciones, desde “Perro Viejo”, “Rojitas las Orejas”, hasta incluso su peculiar adaptación del tema de Los Secretos “Quiero Beber Hasta Perder el Control”. Entre unas y otras nos deleitaron con piezas instrumentales, rozando quién sabe el punto fronterizo ente improvisación y preparación, temas que hacían disfrutar todavía más a los allí convocados. Igual que a la banda, que se les veía como si estuvieran unos pocos amiguetes, haciéndose un corro, como cuando no hay equipo, que además de escuchar mejor al resto, te da ese calor, esa camaraderia del grupo.
Durante todo el concierto la sensación de éxtasis fue
subiendo, y la salida de Iñaki, compañero de Fito en otras
mil batallas, fue casi apoteósica, y de pronto parece
que se despiden... todos los instrumentos se callan, la
gente sabiendo que es la suya, silba, gritan "¡Otra!",
gritan "¡Leño!" (pues aún no había sonado la versión del
“Mientras Tanto”), esperan pacientes y sin cansarse....
y de repente.... ¡se encienden las luces de ambiente!
y es igual, todos siguen aclamando, incitando a que vuelvan
a sonar los instrumentos. Y de repente se cierra el telón
dejando detrás de él un escenario vacío en el que algunos
técnicos empiezan a recoger. La comitiva viendo que sus
súplicas no son escuchadas, empezó a desalojar el local
con esa sensación tan agridulce de haber estado a punto
de un éxtasis total, de un orgasmo musical, del summun,
y no haberlo conseguido. Había faltado ese toque, esos
pequeños bises que nos hubiesen dejado pensando que había
sido una noche perfecta.
Comentario:
DC Pérez.
Foto (tomada en el Viña Rock 2002):
Xurxo Largo.
(Fecha de la publicación: 16/01/2003)
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