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La
pasada semana salió a la luz la triste noticia: Aina, una
de las bandas nucleares del rock alternativo estatal nos ha dejado.
A pesar de que siempre podremos volver a sus discos, esta prematura
marcha deja un poso amargo en todos aquellos que tuvimos la suerte
de presenciar sus refrescantes directos. Sin saberlo, asistí
a su última actuación. Aquí tenéis
la visión de un admirador.
Domingo
29 de Junio del 2003: El Buque insignia del sello B-Core, Aina,
se dispone a ofrecer un concierto en la localidad cántabra
de Torrelavega. Hace exactamente un año y once días,
la banda había ofrecido una estupenda actuación
en el pub Woodstock de Santander junto con los Capital City
Dusters. En aquel momento eran, simplemente, una pura fuerza
que inundaba todo de melodías y energía transmitiendo
un sentimiento increíblemente positivo. Aquel 18 de Junio
pensé que, si había algo de justicia, los Aina cosecharían,
cuando menos, el mismo éxito comercial que Dover
unos años atrás.
Y
la tarde del show es una de esas tan frecuentes en los veranos
del norte de España: nubarrones amenazantes durante todo
el día y colofón lluvioso al final de la tarde.
A pesar de todo, cogimos un par de coches y nos desplazamos hasta
la industrial capital del Besaya. Una vez allí, nos acercamos
hasta el Centro Andaluz, un simpático garito donde iba
a tener lugar la actuación. Los carteles de manzanilla
La Gitana y las banderitas en plan verbena no contribuían
demasiado a generar un ambiente propicio, pero daba igual, el
rock de Aina se encargaría del resto...
Como
sólo llegamos un cuarto de hora tarde, nos sobró
mogollón de tiempo para acercarnos a la barra a pillar
unas birras. Al fondo del local se encontraban charlando los hermanos
Sola (guitarra y bajo) y Pau Santesmasses (batería). Solo
faltaba Artur Estrada. Ya con mi cerveza a punto de terminarse
apareció un taciturno Artur. Nada que ver con la persona
alegre y optimista que conocí la pasada primavera, cuando
estaba a punto de irse de gira por los Estados Unidos de América.
Me acerqué a él para saludarle y averiguar algo
sobre sus próximos proyectos. Tras identificarme lo felicité
por la presencia del video Two Questions en la MTV, aunque
no parecía darle mucha importancia. También pregunté
por la fecha de inicio de la grabación de la secuela de
su Bipartite: No sé – me contestó lacónicamente.
Empezaba a percibir algo raro en su tono de voz. Cuando le pregunte
si no iban a grabar por no tener contrato, Artur contestó-
No , no tenemos, pero eso no es lo importante... Me quedé
un poco pillado, así que le desee buena suerte y me despedí.
En
los aledaños del escenario, antes de comenzar la actuación,
la división existente en el seno de la banda se volvió
evidente: Tres miembros a un lado y el vocalista en la otra esquina,
con aspecto de preocupación, mientras apura su último
pitillo.
Abrieron
fuego Simca, cuatro chavales de Bilbao que, con un estilo
muy similar al de Aina y un sonido claro y potente a la
vez, nos hicieron pasar un rato divertido. Pero el motivo de este
texto es otro. Es narrar la que por desgracia fue la última
aparición de una de las bandas más interesantes
y sinceras del panorama rock estatal.: Aina empezaron fuerte,
no pueden evitarlo. Sus riffs poseen una potencia innata...Pero
algo fallaba, como si el titulo de su último álbum
hubiese constituido una premonición
La estructura del grupo se mantenía como había observado
en distintas ocasiones a lo largo de la tarde: Bipartita. Los
hermanos y Pau formando una piña a un lado y Artur Estrada
a una distancia excesiva y más que casual.. Los instrumentos
tapaban la voz de Estrada y en la segunda canción, al oír
que la cosa seguía sin mejorar y nadie hacia nada, le dije
al cantante que no se escuchaba su voz en la sala. Él se
encogió de hombros, con los brazos extendidos y las palmas
hacía fuera, como rindiéndose definitivamente. Poco
importaba ya que fueran cayendo uno tras otro los gloriosos temas
de sus dos últimos discos: la inmensa Ice, su single
Two Questions, el riff hipnotico de Presbiopia,
la belleza de Nmotechnics, la efectividad Helicopters...
Había algo que de forma invisible viciaba el ambiente.
Santesmasses seguía con sus muecas y su espectacularidad
y Estrada cultivaba una vez mas esas efectivas poses que parecen
sacadas de la portada del London Calling. Seguro que su
garganta sangró esa noche, porque se estaba desgañitando
en medio de un sonido brutal, pero su voz no conseguía
emerger de aquel mar de decibelios. Y yo ya no sé si aquello
le importaba a alguien. Quizás sólo a mí.
Después
de lo que había ocurrido pensé que no les quedaba
mucho tiempo juntos. Este viernes, apenas cinco días después,
me he enterado de que Aina han desaparecido. No me aventuraré
a pronunciarme acerca de las causas, pero, sea como sea, es una
autentica pena. Sólo me queda darles las gracias por tantas
canciones y por haber puesto la banda sonora a un par de escenas
en mí película vital. Gracias, pues.
Entrevista:
Pablito Pelayo
Fotos: Roberto Silva Lamalfa.
(Fecha de publicación: 14/08/2003)
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