La noche empezó siendo fría y no sólo
por el chaparrón que caía fuera. Para enfatizar
su entrada sobre el escenario la Mala comenzó cantando
entre bambalinas, triunfal y misteriosa, muy de acuerdo con los
nuevos tipos de show moderno. A su alrededor, los últimos
modelitos de la calle fuencarral se mezclaban con los devotos
del hip hop, y una importante franja de gente sin tendencia ni
colores.
Decimos que empezó siendo fría
la noche porque Mala y compañía comenzaron con un
explosivo espectáculo para el que el público no
estaba muy preparado en aquel momento. Los primeros temas cayeron
como jarros de agua fría, se distinguían claramente
dos velocidades: Una rápida y decidida sobre el escenario
y otra más tranquila y escéptica debajo.
Las distancias se fueron acortando y poco
a poco la gente se fue desentumeciendo, poniendo un pie allá,
moviendo la mano así hasta que la cosa comenzó a
coger temperatura. Fue especialmente en temas como “Lo fácil
cae ligero”, “Tengo un trato” o “Yo marco
el minuto” cuando el público se desbordó y
el concierto se convirtió en una fiesta que nadie podría
haber anticipado al comienzo.
-“Estoy
preparada pa ti, ¿estás preparado pa mí?”-
Con esta provocativa invitación del tema “Vengo prepará”
el concierto empezó a coger aires de autentica party erótico
festiva. Muchas canciones como esta, que parecen tan sosas en
la grabación, se revalorizaron en directo alcanzando un
nuevo sentido.
El termómetro del concierto estuvo
en todo momento en las manos de J Mayúzcula y Kultama (Verdaderos
Creyentes), auténticos animadores de la velada. Mala no
estaba muy por la labor de arengar al colectivo, más bien
se encontraba distante y tímida, ensimismada en su mundo.
Sobre el escenario ella se mueve con resuelta
timidez. Sin excesos pero con la convicción de sentir lo
que siente y creerse lo que canta. No hay lugar para el engaño,
incluso vestía honestidad con vaqueros y camiseta, como
cualquier chica de instituto. Afortunadamente todavía podemos
constatar que Mala no es la superestrella que muestra la portada
de su último disco. Mejor así. Ella no pertenece
al circo en el que pretenden convertir el hip hop, plagado de
estereotipos anglosajones, pose dura y ropa cara.
Mala
Rodríguez en realidad no es tan mala como nos quiere hacer
ver, simplemente ha sido una chica normal maltratada por la vida
y que, tan sólo con 24 añitos se dedica a cantar
para espantar sus males. En el barrio que tuvo por escuela se
percató de que su curriculum encajaba perfectamente con
las enseñanzas y el ritmo pegadizo del hip hop y se aventuró
a decir lo que otras muchas llevan dentro como una cruz. Por eso
ahora sus conciertos se llenan de gente sin chapa ni bandera.
Por eso la fama puede convertirse en el peligroso analgésico
que la haga cerrar los ojos y perder la rabia. Todo está
en sus manos.
Artículo
y fotos por: Making
(Fecha de publicación: 22/04/2004)
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