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Hacía años que había sido hechizado
por la frescura de la música de La Romántica Banda
Local aderezada por el mágico violín de Enrique
Valiño, músico excepcional con un bagaje envidiable
a sus espaldas, además de ser de los pocos músicos
en el estado de poder presumir de haber pertenecido a dos bandas
míticas, como son la propia Romántica Banda Local
y los incombustibles Ñu de José Carlos Molina. Inclusive
es admirable su incursión en el flamenco-fusión
de ritmos y melodías variadas pertenecientes al mundo del
folk y la música celta, sus maravillosos Elementales. Sin
olvidar por supuesto la genialidad y el otro gran alter ego de
“La Romántica”, Carlos Faraco. Su extensa labor
radiofónica en programas como Tris, tras, tres o La Salamandra
y joyas del folk-rock como “El bus”, "No me gusta
el rock” o “Los borrachos son inquebrantables”.
Incluso se permitieron la “osadía” de realizar
una banda sonora a principio de los ochenta en la piel de toro
para la película de Quique Camoiras “¡Tú
estás loco, Briones!”.
Con todos estos antecedentes era como para
estar emocionado casi como nuestro primer concierto y muy ilusionado
por poder ver desde muy cerca, más exactamente la fila
2, aunque en lo práctico era como estar en la fila 0, jeje,
por aquello de lo recogida de la sala del teatro. Y así
poder degustar una vez más la música de Faraco,
Valiño y los espontáneos que acompañaron
con más voluntad que oficio el espectáculo “interactivo”
como fue definido por el propio Carlos Faraco durante su actuación;
es decir, Idígoras, el conocido humorista gráfico
malagueño junto a Pepe y Tino que supieron sacar su ingenio
y arte logrando unas más que aceptables versiones de “Merlín
y la dama ausente” o el estreno mundial cantada por el propio
Ángel Idígoras “Marina y el pistolero”.
Hubiera sido genial haber tenido los suficientes medios como para
grabar en DVD dicha actuación, aunque si se piensa detenidamente
el hecho de la buena acústica y las tablas de “Los
caballeros Yedays” harán que este bolo pase a formar
parte de la leyenda urbana y “campestre” del pop-rock
nacional.
La gente allí congregada hicimos coros
“guturales” y hasta una chica se atrevió a
dar la cara frente al respetable y ya solo por esto se ganó
la admiración de los “neorrománticos”
presentes al acto. Ana y su otoño (“Ana, el otoño”)
nos recibió con su amor y aire melancólico no exento
de nostalgia bien dosificada para ir dando paso a la luna de otoño.
Una noche nada habitual en la temporada, muy especial, llena de
magia y calidad artística y humana.
Idígoras además de mostrarnos
su faceta musical no paró de deleitarnos con su elegante
humor e ingenio. Así como un mimo que no paró toda
la noche de hacer alegres “payasadas”, en el buen
sentido de la palabra claro, jeje...
Se nos repartió un tebeo para colorear
y cantar. Fue algo así como nuestra chuletilla cuando tiraban
del “coro público”. Por supuesto un tebeo que
guardaré como el más valioso de mis recuerdos relacionados
con la música y que demuestra una vez más las conexiones
existentes entre el TBO y la música y como no podía
ser menos la teatralidad, con un marco inmejorable, el propio
teatro Cervantes, el más importante de la ciudad, en donde
se celebra cada año el festival de cine español
que va ganando cada año que pasa más adeptos y más
glamour.
La puesta en escena de uno de los grupos más
imaginativos del país y difícil de superar hizo
nuestras delicias. En fin, seguiremos desayunando o tal vez merendando
siempre que el cuerpo nos lo pida “Pan con membrillo y café”
y seguir alimentando nuestra fantasía, “inquebrantables”,
aunque para ello no nos haga falta embriagarnos de alcohol y sí
de buena música para el alma y libertad.
Artículo
por: José
Francisco Fernández de Guevara Ferri
(Fecha de publicación: 12/02/2004)
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