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Dos años después de su última visita
a España, Omar Faruk Tekbilek regresó a Madrid
para presentar su disco "Tree of Patience". En
él, rinde homenaje a sus maestros espirituales y
ha contado con la participación de músicos
de la talla de Enrique Morente, Arto Tunçboyaciyan,
Steve Roach, Ara Dinkjian, o Hansan Isakkut.
El
músico turco nos invitó a recorrer las aguas
del mediterraneo en un viaje que no finalizaba en el estrecho,
sino en un club de jazz de Manhattan. Un viaje hasta el
alma, emocionante, cargado de paz, serenidad y erotismo.
Un viaje a traves de las experiencias espirituales de este
gran músico lleno de duende, que encuentra la inspiración
en la belleza y la belleza a su alrededor, en cualquier
parte. Un viaje que recorre su amplia experiencia discográfica,
con más de tres décadas dedicado profesionalmente
a la música y en la que fusiona de manera natural
flamenco (la puesta en escena esa noche fue muy flamenca),
melodías turcas (la variedad de escalas turcas es
increiblemente rica), buzuki griego y en algunos casos música
latina, jazz y blues, respetando siempre la tradición
sufí (de influencia árabe y bizantina) sin
que pierda la autenticidad y clarividencia de su oración.
Acompañado por una banda de virtuosos, Omar Faruk
demostró su capacidad de dirección (en este
caso un tanto reducida de número ya que en otras
ocasiones le hemos podido ver junto a ocho o nueve acompañantes)
y estructuró el evento como un espectáculo
de jazz, temas interminables de laberínticas melodias,
en los que llegado un punto de ruptura se sucedían
solos extremadamente técnicos (desarrollados de la
misma manera que John Coltrane, jugando con apenas dos o
tres notas)
Como multinstrumentista ejerce con maestría, cantando
y cambiando de instrumento varias veces en cada canción.
El Aud turco, el Ney, (antiguamente utilizado por sufís
y derviches para entrar en trance y llegar al extasis y
que solo unos pocos son capaces tocar abarcando la extensión
entera de tres octavas) la Zurna, (trompeta turca), y la
darbuka parecían jueguetes en sus manos, sacando
siempre sonidos cargados de pasión y romanticismo.
Junto a él, su sobrino llevaba la base ritmica. Maestro
de panderos, aprendió su oficio por los pueblos de
Israel, y se desenvuelve con igual soltura en ritmos más
contemporaneos de patrones latinos, incluso dub (Su set
incluía varios panderos de distinto tamaño,
cajón flamenco, un plato y distintos crotalos y percusión
menor como huevos, una clave o el caxixi que acompaña
al berimbeau, de los que sacó todos los tonos y sonidos
imaginables)
Un tanto tímida estuvo al principio la guitarra acustica,
hasta el tercer tema en el que empezó a brillar con
un excelente sonido. Dejó de manifiesto junto al
teclado, la mayor parte de la influencia afroamericana en
la música de Omar F. T. A lo largo de la noche se
sucedieron escalas interminables y complicados acordes,
dando una asombrosa lección en un ejercicio de tapping
y otras técnicas percusivas. Destacable tambien su
labor como guitarra rítmica.
El teclado por su parte, estuvo sobrio con los acompañamientos.
Aportó colchones y ambientaciones naturales (empezaron
el concierto con el canto de unos pajaros) disparados desde
su portatil. Sus solos, influenciados claramente por T.
Monk, tambien traían a la memoria aires gaditanos.
Quizá el instrumento más llamativo y hechizante
de los que le acompañan (de un sonido que recuerda
en profundidad a la kora africana) sea el Kanun, que en
las orquestas arabes ocupa el lugar principal. Es un instrumento
(una especia de cítara arabe de cuerdas de nylon
que se puntea con dos plectros) con multiples posibilidades
sonoras ya que tiene 75 cuerdas (cada nota posee tres cuerdas
de igual afinación) y puede cambiar la afinación
un cuarto de tono, medio, uno y en las cuerdas centrales
hasta tono y medio, mediante unas llaves. Su exótismo
tiene la capacidad de hipnotizar a quien lo escucha y tocado
por un experto como el de esa noche, el abanico de colores
que despliega ante nuestros oidos es inagotable.
Aproximadamente hora y media de concierto, en el que destacaron
temas como Shaskin, Gardener, Crecent Moon o Shinanay y
en el que volvimos a disfrutar del derroche de buenas vibraciones
del turco y sus músicos. Una sólida formación
que deja sensaciones muy positivas. Solo nos queda agradecer
al músico su visita a nuestro país y esperar
pacientemente que regrese con nuevas canciones.
Artículo: Carlos Cronoprio.
(Fecha de publicación: 2005/05/19)
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