En Internet desde febrero de 1995 / Número 25, desde julio 2011.
Segundas partes sí pueden ser buenas… si lo fueron las primeras. Los asistentes al concierto de Madrid, pudieron disfrutar de 3 horas de músicas de la mano de esta legendaria banda de rock duro
Guns N' Roses
Reportaje. Fecha de publicación: Lun, 06/12/2017 - 20:34

Corría el año 1993, y mientras en este país aún nos despertábamos de la borrachera que había significado el año anterior con Olimpiadas, Exposiciones Universales y otros despatarres, los representantes californianos del Jack Daniels y otros vicios, hacían la última visita decente a la piel de toro con una tarjeta de presentación aceptable. La entropía ganaba terreno en el seno del grupo y, fruto de ello, la bomba explotó al poco tiempo, con el abandono del barco de los miembros fundadores que quedaban desde el 85, dejando solo a Axl al frente del mismo. El resto de la historia la conocemos. Deambular, líos y más líos (como la famosa visita a Madrid en 2006 de Rose), el “Chinese Democracy”, sustituir a Brian Johnson al frente de AC/DC y, un acercamiento de posturas entre las dos principales almas del grupo para, a principios del pasado año, desembocar en reunificación quasi-total y comenzar a girar por su propio país. De ahí pasamos al anuncio de la gira europea más esperada de los últimos 20 años y a un prácticamente unánime “sold-out” en todas las ubicaciones del viejo continente a visitar.

Guns N' RosesY así, tras tocar en Irlanda y en Bilbao, la banda argelina hizo parada y fonda en el vetusto Calderón para remover sus cimientos por última vez y dejar morir en paz al viejo estadio de la Ribera de Manzanares. Adeptos más y menos jóvenes de la banda colmaron las gradas (en sus más de 50.000 plazas disponibles), conscientes de estar viendo algo histórico y quizás imposible de haberlo soñado ni siquiera unos meses atrás.

Entre unas medidas de seguridad acordes con los tiempos de incertidumbre que vivimos, el ambiente respirable era de una noche grande. Y vamos si lo fue.

El grupo saltó al campo quince minutos antes de lo pactado, por lo que a más de uno pudo pillarle en un renuncio. Lo hizo bajo los acordes de un “So easy” que anticipaba que lo bueno acabada de empezar. De un primer vistazo, en un escenario quizás algo sobrio para el precio del papel, sobre el mismo se encontraba un reconocible físicamente Slash (con su gorro, gafas y tipito de toda la vida), un Duff por que parece no haber pasado los años y un algo más estropeado (pero no tanto como se imaginaba uno) Axl Rose. Y el primer plato estuvo bien: sonido potable, voz más que aceptable y un séquito de subalternos a las figuras que no desentonaban (sobre todo Richard Fortus, muy seguro toda la noche). La fiesta continua con el “Mr. Brownstone” y la gente se empieza a venir arriba porque la voz de Axl parece que va a aguantar bien todo el concierto.

Sin embargo, algo de bajón se nota en el respetable cuando suena el “Chinese Democracy”, que aunque venga con cambio de guitarra por parte de Slash y con el acompañamiento de la pirotecnia (muy presente toda la noche), no consigue enganchar al público.

Sin embargo el bajón dura lo justo cuando suenan los famosos acordes de la intro a la casa de Tarzán, pues estamos llegando a la jungla. El “Welcome to the Jungle” enciende el Calderón y la gente canta junto a Axl, a la vez que Slash comienza a juguetear con las seis cuerdas.

A estas alturas Axl ya había desquiciado más de una vez a su “dama de compañía” con varios cambios de ropa e indumentaria complementaria que seguro que no le daba tiempo a dejar en el armario entre canción y canción. Primer trago al vino bueno y primer subidón general.

Como tras alcanzar una cima en el Tour, ahora viene la bajada. En ella nos vemos cuando la banda encadena tres temas menos reconocibles como son “Double Talkin’Juve”, “Better” y “Estranged”. Aun viniendo aliñados con bailecitos del pato a lo Chuck Berry de Slash (primer homenaje de la noche), la voz de Melissa (la chica de pelo azul) o un más que aceptable solo de Hammond de Dizzy Reed, el público se toma un respiro en espera de emociones más fuertes.

Y las encuentra en parte en la siguiente curva, donde les espera el particular homenaje de la banda a McCartney y sus Wings con el celebérrimo “Live and Let Die”. Ya es hora de que empiecen a sonar los tiros de las pistolas y es momento de que Axl empiece con su contorsoneo típico de épocas pretéritas.

“Rocket Queen” nos deleita con un solo de Duff al bajo y con Axl vistiendo uno de sus famosos sombreros (porque no solo Slash los sabe vestir). Como el protagonismo no iba ser todo para el frontman, Slash toma las riendas y empieza a hacer frivolidades con la guitarra y con la voz quizá en el momento más gracioso de la velada.

Esta gracia hace de preludio a uno de los temas más coreados de la noche como es el que siempre irá unido a Schwarzenegger y su Harley en “Terminator II”. “You could be me” estremece hasta el último ladrillo del recinto y nos recuerda todo lo bueno que hizo esta banda allá por los noventa. Tras esta tormenta musical, Axl se retira a tomar algo de aire y Duff toma su lugar para deleitarnos con el cover de Misfit “Attitude”. Canción muy punk que el bajista hace suya, golpeando rabiosamente las cuatro cuerdas y dejando el pabellón vocal muy alto.

Regresa cambiado de ropa por enésima vez Axl, aunque para sorpresa del público, lo hace apareciendo en medio del escenario y sentado al piano. Ello no es síntoma de que vaya a llegar una parte tranquila del show pues, a estas alturas de la noche, la gente hace rato que no está sentada. “This I love” es el primer tema que se toca Rose, forzando en exceso la voz al principio de la canción. Pero el tempo de la misma va dirigiéndose hacia un final mucho más exaltado que sus orígenes. Ya que instrumento de cuerda más pesado se encuentra en el escenario, es el momento de “Civil War”. La intro de la misma toma como base el celebérrimo tema de Hendrix de “Voodoo Child”, que Slash adorna con su guitarra doble y que Axl corona con uno de los mayores esfuerzos guturales de todo el show.

De ahí nos vamos al siguiente homenaje. En este caso le toca al recientemente fallecido Chris Cornell, frontman de Soundgarden (entre otras bandas) y que se ha hecho un hueco dentro del setlist del grupo dentro de este tour. “Black Hole Sun” para rendir tributo a una de las grandes voces del rock contemporáneo.

Tras más de 90 minutos de show, Axl presenta a la banda y rebaja las revoluciones con el tema “Coma” que, a estas alturas, deja algo helado al personal. Para volver a despertarlo Slash, que no ha parado en todo el concierto de tocar, se marca dos solos consecutivos de guitarra, siendo uno de ellos ampliamente reconocible por ser la melodía principal de la película de “El Padrino”. Esto despereza al respetable que sabe que se aproxima lo mejor.

Y es que a las 23:00 horas suena el tema que, de manera coral y quizá, de las pocas muestras de sintonía entre Axl y la asistencia, canta el público de principio a fin. “Sweet child of mine” revienta a la concurrencia y conduce hacia el éxtasis a éste que escribe la crónica. Tema redondo dentro de la discografía de los americanos, quizás demasiado manoseado por parte de las radiofórmulas, pero eso no es óbice para decir que es, tal vez, uno de las mejores canciones rock de todos los tiempos.

Y como esto ya no hay quien lo pare, el show continúa con el tema del primer disco “Out Ta Get Me”. De ahí nos vamos al siguiente tributo. En este caso le toca a Pink Floyd y su “Wish you were here”. Y, para no perder la costumbre, como final a “November Rain” (siguiente tema del set list), suenan los acordes de “Layla” de Clapton.

Estaba claro que el apodo de “Banda tributo más cara del mundo” se lo han ganado a pulso pues, sin menospreciar a sus versiones (que generalmente son muy buenas), tiene que haber hueco para una de las mejor ejecutadas por la banda, como es el cover de Dylan del “Knockin’ on Heaven’s Door”. Tema que reverdece viejos laureles en la voz de Axl y que da paso a su último tema del repertorio que el “Night train”. Aire es que necesita la gente para recuperarse de tanta tralla y el grupo se lo da retirándose brevemente a los camerinos para volver con los bises.

Y que mejor manera de empezar que con “Don’t cry”. Muy emotiva la canción cantada como en los viejos tiempos por Axl pero que no tiene continuidad con los dos siguientes temas como son “The Seeker” (cover de The Who) y “Patience”. Pero como la noche tiene que acabar en climax, que mejor que dejar para el final uno de los mejores platos como fue el “Paradise city”. Fuegos y más fuegos, momento único de acercamiento o cierto contacto entre Axl y Slash, tema alargado para que Rose también se echara unas carreras de lado a lado del escenario y apoteósico final para una noche que quedará en la retina de muchos. Si a muchos alguien nos hubiera dicho hace no mucho tiempo que íbamos a tener a los Guns tocando de nuevo en un show de casi 3 horas ininterrumpidas, le tomaríamos por majara. ¿Alcanzará el susodicho la locura si apuesta que habrá nuevo disco? Tiempo al tiempo.
 

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