La Factoría del Ritmo - Núm. 25
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FESTIVAL SERIE Z 2003: Rock and roll.

[ INTRODUCCION ] [ JUEVES ] [ VIERNES ] [ SÁBADO ]
[ GALERÍA DE FOTOS ]

   Tras una indecente dosis de kilómetros, llegamos a Jerez de mañanita con la sana intención de disfrutar de unas horas tranquilas antes de que comience el jaleo, planes que pronto se verán trastocados ante las misiones que nos llevan a deambular por la ciudad durante casi tres horas. Estériles intentonas por hacerme con mi acreditación, búsqueda de entradas para la Gigatron Appreciation Society, localización de los campamentos base, recogida de viajeros en tránsito... en fin, ya dormiremos esta noche. Casi sin darnos cuenta se han echado encima las cinco, y va siendo hora de establecer contacto con el ecosistema en el que nos recluiremos durante los próximos tres días. ¿Lo tenemos todo? Recinto de IFECA, here we go!

Jueves, 28 de Agosto

SERIE Z 2003   Mientras intentaba conseguir mi acreditación y me adaptaba al nuevo medio, la tormenta proveniente del escenario indicaba que Commando 9MM ya habían dado el pistoletazo de salida. Lo poco que pude distinguir de su concierto desde la trasera del recinto corresponde con lo expuesto en su último disco en directo: una descarga potente, sincera y cargada de estribillos. Ya ubicado y abastecido, localicé a mis aguerridos compinches mientras Rock-A-Hulas fuzzeaban desde el escenario. Desde la última ocasión en que pude verles en directo, hace más de un año, han ensanchado su sonido, y su cañonero repertorio evidenció la mejoría que esto supone a efectos de pegada. Lamentablemente, los problemas técnicos se cebaron con ellos y no gozaron de gran afluencia de público, a pesar de lo cual echaron el resto tras despedirse con un "nos echaréis de menos" lapidario. Por entonces ya iba quedando claro que la concurrencia no estaba muy por la labor, tónica que se confirmó a lo largo del fin de semana para desespero de algunas de las bandas.

SERIE Z 2003   Tras husmear brevemente entre los puestos de discos (cómo está el vinilo, madre), el bar y la zona techada de puestos con sus asesinas Superpatatas, se ha hecho público que The Wildhearts se han caído del cartel y la comparecencia de Georgia Satellites ha sido trasladada al día siguiente por motivos que descubriríamos más tarde. En fin, no hay mal que por bien no venga: al menos podríamos disfrutar de sets más largos de los grupos restantes. Lo cual no supuso ninguna ventaja ante los tediosos Motorchrist, estajanovistas del rollo ‘motero del infierno’ a los que les sobran cuernos y les falta repertorio. Recuerdos para Joey (¿por qué nadie se acordaría de Joe Strummer?), versión de ‘I Just Wanna Have Something To Do’ y la sensación de que no se creen demasiado su historieta. Luis dice que son postizos. Pues mira, sí. Afortunadamente, Jake Cavalieri y sus Lords Of Altamont salieron a matar, borrando cualquier atisbo del cansancio que atenazaba mi cuerpo tras seis horas de viaje por carreteras andaluzas y extremeñas. A uno, que al ver una Mosrite y un órgano en el escenario ya le entran temblores, es normal que lo de los Lords le llegue al corazoncito, máxime cuando el amigo Cavalieri ha formado parte de bandas tan apreciadas por el que suscribe como The Fuzztones. No descubren nada, ni falta que les hace. Contundentes y enfocados, lograron los primeros momentos excepcionales del festi aun cuando la tecnología les jugó alguna mala pasada, destripando ritmos y riffs no por familiares menos válidos. Recordaron a Stones y Bomboras, desataron crepitantes murallas de sonido sobre la concurrencia y se llevaron un saco lleno con nuestras noqueadas cabezas a modo de trofeo. Puede que en disco les suenen simplemente correctos, pero en directo los chicos pálidos de Altamont no hacen prisioneros.

SERIE Z 2003   Con las pilas bien cargadas y los depósitos convenientemente rellenados, deambulo en compañía de mis compañeros comentando lo acaecido hasta entonces mientras en el escenario los técnicos preparan la llegada de Texas Terri.  La gente se apiña, y en el foso de los fotógrafos la toma del escenario supone el primer arremolinamiento masivo de cámaras y flashes. Está claro que Texas Terri levanta expectación, y su espectáculo no defrauda en absoluto.

SERIE Z 2003Hizo lo que se esperaba de ella, desgañitándose a gusto y sonando poderosa, hecho al que contribuyó una acústica respetuosa con la banda y el trabajo de la gente de Motorchrist a la batería y la guitarra. Formación circunstancial o no, rindieron a buen nivel, si bien relegados al segundo plano que obliga una personalidad como la de Texas. Dicho todo esto, he de confesar que en general me dejó un tanto frío, más que nada porque al aspecto visual de su programa le faltan canciones sólidas en las que apoyarse, hecho que quedó en evidencia tras un apoteósico grand finale basado en versiones: ‘I Got A Right’, ‘Sonic Reducer’ y ‘I Wanna Be Your Dog’, tres clásicos imperecederos que un sus manos sonaron tan dañinos como deben. Tras sumergirse en las primeras filas y enseñarle las nalgas al personal, a esas alturas totalmente rendido, se perdieron tras los amplificadores. Una chica encantadora esta Texas.

SERIE Z 2003   Ver a Jason Ringenberg intentando subirse al escenario desde el foso mientras un segurata perfectamente adiestrado le placaba pensando que era un fan exaltado fue uno de los momentos más desternillantes del festival. El pobre Jason intentaba infructuosamente librarse del abrazo ante la implacable resolución de su captor, una persona humana de más de cien kilos que se mostraba impermeable a sus explicaciones. Finalmente la cordura hizo su aparición en la forma del personal de la organización, quienes lograron que Mr. Ringenberg fuera liberado y pudiera terminar la escalada a las tablas.  Una risa, oiga.

SERIE Z 2003  Todo esto no melló en absoluto los buenos ánimos del Scorcher mayor y los Nashville All Stars, banda sobrada de recursos que hizo un papel formidable durante toda la velada y consiguió, junto a la magnética presencia del jefe, una envidiable dinámica que sólo perdió enteros en momentos puntuales, siendo uno de los puntos álgidos el siempre efectivo ‘Absolutely Sweet Marie’. Entre las curiosidades, los chistes de bajistas que se contó Jason, para deleite del respetable, y una breve aparición de Scott Luallen (Nine Pound Hammer) a las voces que se saldó con discretos resultados, detalles de un concierto que, pudiendo haber sido más de lo que fue, derrochó buen rollo y convenció tanto a fans y como a escépticos. Pero lo cierto es que, poco antes de terminar su actuación, mi cabeza estaba dominada por un extraño sentimiento de anticipación.

SERIE Z 2003   ¡Thee Michelle Gun Elephant! Adelantada su actuación (prevista para el sábado), me pusieron en jaque desde el principio: la banda sonora de ‘El Padrino’ sirve como preludio a la aparición de estos cuatro yakuzas del Rock’n’roll, ataviados con elegantes trajes y actitud distante. Es el momento, llega la descarga. ¡Y de qué manera! Como diría aquel, ‘muy profesional’. Desde los primeros acordes queda claro que esto es otro nivel, la seguridad disfrazada de apatía con la que atacan su repertorio no está al alcance de muchos, y ellos ya llevan demasiado tiempo en la carretera como para dejar detalles al azar. Apoyados en una discografía repleta de momentos memorables, vibran con un vigor espectacular, la energía es un sólido palpable generado por los demenciales staccattos que desprende la Telecaster de Futoshi Abe, la voz de Yusuke Chiba, los espasmos rítmicos de Koji Ueno y Kazuyuki Kuhara... en estas van cayendo ‘West Cabaret Drive’, ‘Abakareta Sekai’, ‘Smokin’ Billy’, ‘Young Jaguar’, ‘Get Up Lucy’ y ‘Revolver Junkies’, un greatest hits calcado al del Casanova Said Live Or Die Tour (obviamente recortado para ajustarse al tiempo disponible) cuyo noqueante efecto sacudía mi espina dorsal cual descarga de diez mil voltios aplicada en gónadas desprotegidas.

SERIE Z 2003   Como era lógico, dada la escasa repercusión que su discografía ha tenido por estos lares, ‘Sabrina Heaven’, su último trabajo, apenas tuvo hueco en el set-list (sólo ‘Gypsy Sandy’), detalle con el que ganaron en impacto proteínico y resultados, pues el que a la postre terminará siendo su último trabajo de estudio queda muy lejos de las excelencias logradas en ‘Gear Blues’. Tras las vertiginosas ‘Free Devil Jam’ y ‘Cisco’ la cosa parecía haber llegado a su fin, pero todavía se estiraron con un par de bises, ‘Vegas Hip Glider’ y ‘Automatic’, un regalo a todas luces insuficiente vista la insistencia con la que reclamábamos seguir recibiendo disciplina oriental. ¿Que estuvieron algo fríos? No lo niego, pero su actitud no es negociable y podría achacarse tanto a la imposibilidad de comunicar verbalmente con los presentes como a su más que inminente separación. Sea como fuere, pobre objeción para un evento mayúsculo que servidor ya considera de lo mejor que ha catado en los últimos años, prueba irrefutable del enorme potencial existente en la bullente y para muchos desconocida escena nipona. ¡TMGE rocks! Y a ver quién es el chulo que dice lo contrario.

Viernes, 29 de Agosto

SERIE Z 2003   Tras pasar la noche rodeados de polvo, ruido y una parroquia de hábitos más que reprobables se impone la humanización de nuestros cuerpos. ¡Hidratos de carbono ya!. Con buen desayuno ya en proceso de digestión, comienza la jornada tratando de despejar la neblina que en vuelve los acontecimientos del día anterior, y al ritmo de Billie Holiday toman forma las primeras notas de la indignante crónica que lees en este momento. Se suceden apuntes y tachones mientras el sol martillea nuestros cráneos, devorando el poco oxígeno que aún no ha entrado en combustión en este mediodía abrasadoramente sureño. Busquemos un sitio fresquito y reunamos a la banda.

   De nuevo el cartel reserva decepciones, y las razones que motivaron el traslado de Georgia Satellites al sábado se hacen patentes: Leadfoot, Rock City Angels y Warrior Soul han sido dados de baja. Mala forma de empezar el día, a lo cual se une el hecho de que la empanada perenne que caracteriza a este redactor me ha hecho fallar con Bummer y perderme parte del pase de Sin City Six, por lo que me dirijo raudo hacia la zona de conciertos para enmendar mi error. Y bien que hice. Recuperados del palo que supuso la muerte de Lee Robinson y con un nuevo disco, ‘Home Of The Brave’, recién salido del horno, Norah, Mike y compañía demostraron por qué la veteranía es un grado. Sudaron la gota gorda y combinaron temas de sus dos trabajos con elegancia y convicción, bien aposentados sobre las tablas pero con el handicap (habitual para los grupos estatales en este tipo de reuniones) de tocar demasiado pronto ante una concurrencia demasiado escasa, hecho que no hizo disminuir su entusiasmo. Peor para los que se lo perdieron, pues el gustazo que supone recuperar a una pandilla tan curtida como la suya justificaba plenamente la asistencia. Bienvenidos (de vuelta)

   Si el jueves TMGE premiaron el esfuerzo de la organización con un huracán eléctrico, también The Savoy Truffle se confirmaron como una apuesta muy acertada. Con una orientación poco próxima al sentir general pero enormes argumentos a su favor, los expuestos en sus recientes trabajos ‘Take It To The Sky And Fly’ y el directo ‘Live, On Our Way’, entraron en escena unos músicos caracterizados por su apego a las enseñanzas surgidas de Jacksonville y su buen gusto a la hora de reinterpretar estas bajo su propio prisma. Que no es significativamente distinto al de sus maestros, pues buena parte de su repertorio contiene abundantes (quizás excesivas, según algunos) referencias al legado de los Allman o contemporáneos como Gov’t Mule, pero descubre composiciones que rayan a un gran nivel e instrumentistas preparados para hacerlas avanzar en el acervo de la improvisación más desatada. Probablemente les hubiera venido mejor tocar más minutos, pues su propuesta es de las que debe abordarse sin preocupaciones horarias, y aunque se les vio desplegar menor fuego cruzado del que se esperaba las intervenciones de Toshihiro Sumitomo en ‘Sun Going Down’ o ‘Can’t Fight The Blues’ demostraron una sensibilidad a las seis cuerdas que arrancó aplausos de reconocimiento. No faltó el apabullante ‘Highway Man’, deslucido por la desastrosa sonorización que padecieron las percusiones de Taro Takagi y la ausencia casi total de la voz de Monji Kadowaki, una maldición que afectó a casi todas las bandas del festival. Que me traigan la cabeza de ese técnico de sonido. En cualquier caso, aunque disminuido por las deficiencias aurales el concierto de The Savoy Truffle resultó una sorpresa muy grata saldada con notable para los de Osaka y desconcierto general ante la inenarrable presentación que les hizo un Mariscal Romero pasadísimo de vueltas. Repitió en la despedida.

SERIE Z 2003   "He viajado demasiados kilómetros como para no disfrutar de esto". Dan Baird dixit. Así de claro lo tenía el cantante y guitarrista de The Georgia Satellites, tan claro como Rick Richards y Rick Price, que no pararon de moverse un segundo durante todo lo que dio de sí su actuación. Impelidos por un entusiasmo que generalmente no se asocia a señores de su, ejem, experiencia, triunfaron con un cancionero de talante clásico que llega al alma de cualquiera con un mínimo de sensibilidad, pero sobre todo por su entrega y actitud sobre las tablas, verdaderamente cercana y descarada. En una atmósfera más propia de una fiesta que de un festival, los Satellites se echaron a todo el recinto de IFECA a los hombros desde el arranque como si de chavales de dieciocho años se tratase, se lo pasaron pipa, y nosotros con ellos, conscientes de que no iban a poder hacer el concierto que querían (¿quién puede en este tipo de eventos?) pero capaces de darlo todo en el espacio que se les había reservado. Impusieron ritmo y empuje, demostraron que en escena hay que estar en sintonía para conseguir que la peñuca reaccione, tocaron ‘Let It Rock’, ‘Battleship Of Chains’ y ‘Keep Your Hands To Yourself’, hicieron sudar la gota gorda y ellos mismos terminaron empapados, con el cariño de la gente, que aplaudió a rabiar, en el bolsillo y la certeza de haber hecho mella. En un fin de semana con conciertos de gran nivel, el suyo brilló con luz propia. Poco después tuve la oportunidad de comprobar que, además, son tipos encantadores, amantes de la emoción del directo y el contacto con la gente. ¿Qué más se puede pedir? Les dejo recibiendo cumplidos de unos extasiados The Savoy Truffle tras hacer una foto documental a mi doble japonés, Taizo Takafugi (batería de los Truffle), ante la insistencia de la Gigatron Appreciation Society.

SERIE Z 2003   Debo reconocer que los dos grupos que quedaban antes de Twisted Sister, The Quireboys y Junkyard, no excitaban mi imaginación especialmente, así que me dediqué a deambular de un lado a otro en busca de una posición desde la cual poder observar sus evoluciones con comodidad. Sobre Junkyard, poca cosa la verdad. Pusieron empeño, pero apenas lograba concentrarme en ese híbrido entre temas rockeros y potencia heredada del Hardcore por el que se desviaban algunas veces. No en vano, Brian Baker fue uno de sus miembros fundadores; y el único componente de la formación original ausente, debo añadir, si bien convenientemente sustituido por un clon que provocó dudas sobre si era realmente el ex-Minor Threat quien pisaba el escenario. Falsa alarma, supongo que con Bad Religion ya tiene suficiente. Por lo demás, el cansancio y la curiosidad por los discos me llevaron a la parte trasera del recinto y una creciente ausencia de interés por lo que pasaba en el escenario. The Quireboys tampoco consiguieron efectos espectaculares sobre mi córtex, aunque he de reconocer que a Spike y Guy se les sueltos en esto de patear escenarios. En su momento fueron una de las mayores esperanzas del Rock británico, estatus que alcanzaron gracias a algunos de los temas que interpretaron aquella noche, como ‘Sex Party’, ‘There She Goes Again’ o el cervezero ‘7 O’Clock’, buena muestra de equilibrio entre guitarras robustas e instinto comercial. Se les vio a gusto, sin momentos espectaculares pero con buen tono general que dejó más que satisfechos a sus seguidores. Pilas recargadas: es la hora de Dee Snider.

SERIE Z 2003   La locura había llegado. ¿Responderían Twisted Sister a las expectativas? Mucho había especulado en mi mente sobre su concierto, sobre el significado de su presencia en el Serie Z. Por que, salvo en círculo muy reducidos y publicaciones como Popular 1, ¿quién daba un duro por Twisted Sister hasta hace un año? Extremo absoluto del Hair Metal, siempre se les ha reconocido más por su exageradísima imagen que por los méritos de sus discos; he de reconocer que yo mismo me los tomaba a coña hasta que mi compinche David me abrió los ojos con ‘You Can’t Stop Rock’n’Roll’, colección de poderosas tonadillas, letras delirantes y estribillos adhesivos que impactaron más allá del chascarrillo habitual en mi subconsciente. De NY, ¿no? La cosa comenzaba a tomar sentido, y ya no sonaba tan descabellado que fueran vecinos de Dictators y Ramones. Así que allí estoy, un viernes a las doce de la medianoche pasadas, en un recinto cerrado al sur de la geografía europea, rodeado por otras tropecientasmil almas que, como yo, esperan el comienzo del show. Grito, todo el mundo grita, aparecen Mark Mendoza y Eddie Ojeda... y ahí está Dee Snider, saltando, moviendo sus melenas (¿su peluca?), echando el resto desde el principio. Lo que siguió después fue un verdadero recital con un sonido potentísimo que sobredimensionaba aún más el ataque de la banda, verdaderos profesionales en esto del rock action. Empezaron a clavar temas a dolor, centrándose en ‘You Can’t Stop...’ y el muy celebrado ‘Stay Hungry’, disparando ardorosos riffs y consiguiendo un espectáculo colorista, vitalista, enormemente divertido. Una celebración del rock’n’roll en una de sus múltiples mutaciones, vamos. Porque si escuchas ‘We’re Not Gonna Take It’, ‘SMF’, ‘I Wanna Rock’, ‘Like A Knife In The Back’, ‘Shoot ‘Em Down’, ‘You Can’t Stop Rock’n’roll’ o ‘Ride To Live’ y no se te disparan los pies hacia delante y el puño hacia arriba es que no tienes sangre en las venas. Por supuesto, hay partes de la liturgia que siguen provocándome rechazo, como el interminable solo-de-batería-con-plataforma-que-me-eleva-to-the-center-of-the-night y chorradas similares, compensadas de sobra por las charlas del cachondo Eddie Ojeda con el respetable y su mítica presentación de la banda, digna de pasar a los anales del festival. A pesar de tener que hacer periódicas visitas a la parte posterior del escenario, suponemos que en busca de oxígeno o algún otro tipo de estímulo para la actividad física, Dee Snider magnetizó todas las miradas, desbordando energía y haciendo gala de una actitud realmente frenética durante toda la actuación. Divertidos hasta el paroxismo, terminaron como cabía esperar: pirotecnia, ovación generalizada y logotipo en llamas, al igual que nuestros cuernos. Y lo cierto es que ya no sonaba tan descabellado que fueran vecinos de Dictators y Ramones.

Sábado, 30 de Agosto

   Última jornada, y la cosa prometía emociones fuertes. Tras pasar una noche entera sufriendo desde la distancia los infernales rugidos de una carpa llena de rockeros frenéticos por los acontecimientos del día anterior, es la hora de hacer balance y plantearnos lo que vamos a hacer a continuación. Es imperativo buscar un remanso de paz y alimentar nuestros cuerpos, descansar y sacarse de la oreja derecha ese horripilante pitido que me está destrozando desde anteayer. Yo hoy me pongo del otro lado. La euforia por el concierto de Twisted Sister ha dejado muy buena disposición en la cuadrilla con la que comparto peripecias, y el tinto verano se revela un perfecto acompañamiento para nuestras viandas. Comida relajada, paseito en coche y vuelta a la carga.

SERIE Z 2003   Tan relajada fue la comida que Holy Sheep y Mermaid ya han hecho los deberes para cuando me personé en IFECA. Dios mío, cada día soy más impresentable. Al menos hoy no ha habido bajas masivas, aunque la ausencia de los apetecibles The Distraction deja un pequeño poso de amargor en mi boca, que también podría achacar a un pollo frito muy poco hecho. En fin, aún podemos disfrutar de Nuevo Catecismo Católico, que ya están dispuestos a comenzar. Nuevo cantante en la persona de Eneko, de Teen Dogs, y comienzan las hostilidades recordando uno de sus clásicos, ‘Aquí Llega Dios’. No han sido pocas las alabanzas que se han vertido sobre el directo de NCC, y puedo dar fe de que no son en absoluto exageradas. Sin duda merecen ocupar puestos preeminentes en este tipo de citas, y no verse relegados al papel de aperitivos para los grupos extranjeros. Les faltó tiempo para explotar, pero estuvieron rocosos como ellos solos y se comieron a los asistentes con patatas, repasando su ya extensa discografía desde ‘Scarred For Life’ hasta ‘En Llamas’ con el marchamo de calidad habitual, extrayendo las mejores esencias de ese cóctel que oscila entre el Hardcore de principios de los ochenta y el Rock’n’roll de alto octanaje. Cierto es que eché de menos temas de sus inicios, quizás la parte de su discografía que más conozco, pero un grupo con su ímpetu no puede/no debe estancarse. A pesar del tiempo transcurrido en esta aventura, NCC siguen siendo una auténtica patada en los cojones cuando asaltan unas tablas, totalmente ajenos a la parafernalia o las posturitas: cinco tipos derrochando actitud y conocimiento, viejos lobos a los que la calidad les rezuma por los poros. Ahí es nada.

SERIE Z 2003   Tras la fenomenal impresión causada por NCC no podía encarar en mejor disposición el resto de la jornada, recién comenzada por otra parte. La que se nos venía encima era de órdago a la grande, y los primeros avisos del bombardeo que se avecinaba llegaron de la mano de The Cherry Valence. Quinteto de Carolina de Norte con un par de trabajos en Estrus que todos deberían tener ya más que escuchados, arrancaron furisosos con un ‘The Clap’ convenientemente remodelado para el directo, ofreciendo un set muy similar al de su reciente gira estatal en el que las canciones conocidas se fundían con exploraciones instrumentales y nuevos aportes al repertorio. Uno, que no tuvo la oportunidad de presenciar ninguna de las citas previas, descubrió lo merecidos que tenían los parabienes sobre ellos vertidos a raíz de su visita, y alucinó ante la intensidad desplegada por la banda, en incremento constante a medida que se sucedían los minutos, los punteos y los calambrazos de alta energía directos al espinazo. Orgánicos y altamente compactos como grupo, no pudieron evitar que la luz y el tamaño del escenario les restaran parte de su fuerza: de momento no son una máquina diseñada para funcionar a toda potencia en grandes recintos, pero si lo que vimos aquella tarde ya me dejó noqueado no quiero ni pensar lo que debe ser verlos en un garito con capacidad para doscientas personas. El constante trasiego entre las voces, los teclados y las dos baterías de Brian Quast y Nick Whitely es uno de los puntos fuertes de la banda, pues les permite una dinámica ejemplar en el escenario y la capacidad de atacar el repertorio en formato non-stop, ágil solución para una contingencia que en cualquier otro grupo seguramente implicaría más problemas que ventajas. Sonaron ‘Sweat, Sweat, Sweat (All Over You)’, ‘Bootyshakin’’ (si la memoria no me falla) y ‘Ain’t Nothing But A Th*ng’, pero no se les perdona que dejaran en el tintero ‘Lose That Smile’, al igual que tampoco perdonaré nunca a los técnicos el hecho de que mutilaran hasta los muñones la presencia vocal de Nick Whitely, quien pasó todo el concierto berreando como un poseso sin darse cuenta de que su voz no llegaba más allá del micrófono. Su reputación como grupo a seguir muy de cerca salió francamente fortalecida, y las palmas de mis manos hervían en rojo púrpura tras castigarlas hasta la locura mientras acompañaba sus evoluciones rítmicas. Abundantes caras de satisfacción y comentarios positivos fueron el prólogo a su paso por el Z. Si fueron inteligentes, no se los perdieron en el Azkena.

SERIE Z 2003   Momentos antes de que los Valence se bajen del escenario, Scott Morgan, Tony Slug y el resto de los Hydromatics ya andan ubicándose por el backstage, preparando el material que les acompañará en esta nueva visita a nuestros escenarios. Morgan, bien conocido por sus antecedentes como miembro en Rationals, Sonic’s Rendezvous Band, Scots Pirates y demás combos del área de Detroit, luce su habitual boina de comando y parece bastante concentrado en ocuparse de los asuntos relacionados con su concierto, así que dejo a un lado las preguntas con las que tenía pensado acosarle (bueno, por eso y porque, para variar, me he dejado la grabadora en casa) y me limito a saludarle y comentarle lo importante que me parece su contribución a estos del Rock, que gente como él y Fred Sonic me han convertido en un desviado social de por vida, lo mucho que me gusta el trabajo que hace con Hydromatics... las historias habituales que ya le deben sonar a disco rayado, pero o se las suelto o reviento allí mismo. Accede a hacerse una foto conmigo y se prepara para tomar las tablas, así que damos por finalizado el encuentro y cada uno se dirige a cumplir con su cometido: él a seguir alimentando su leyenda, yo a seguir detrozándome pulmones e hígado. Ah, la dura vida del cronista festivalero. "Una última cosa, Mr. Morgan: ¿sonará ‘City Slang’?" "Claro" responde con una curiosa sonrisa. Seguro que eso tampoco lo había escuchado antes.

   En cierto sentido un anticlímax, el concierto de Hydromatics dio una de cal y una de arena para los que esperábamos verles funcionar a pleno rendimiento. Tras una primera parte espectacular, apoyada en de clásicos de su prolongada carrera como ‘Electrophonic Tonic’, ‘Ready To Ball’ o ‘R.I.P. Rock’n’Roll’, la guitarra de Tony Slug comenzó a mostrarse ingobernable mientras atacaban ‘Let’s Do It Again’, una incómoda situación que se prolongó llevando al traste el tema y gran parte de lo que llegó después. Mientras The Hydromatics quedaban repentinamente desenfocados los temas se sucedían y la actuación perdía gran parte del empuje del que gozó en la primera parte, aunque consiguieron suficiente foco como para hacer un ‘City Slang’ que supo a poco pero sonó grande. No hubo ni rastro del terciopelo soul desplegado en ‘Powerglide’, pero no faltaron los momentos emocionantes ni ‘Getting There (Is Half The Fun)’, otro sentido recuerdo a su etapa en la Sonic’s Rendezvous Band junto a Fred Sonic Smith, Gary Rasmussen y Scott Asheton. Aún quedándose corto logró transmitir sencillez y autenticidad, y por lo que a mí respecta debo decir que salí contento a pesar de un cierto grado de insatisfacción final, consciente de la ausencia de combustión pero convencido de la valía de la experiencia por incompleta que fuera. Scott, a ver si te prodigas y nos das la revancha pronto.

SERIE Z 2003    Teniendo en cuenta el historial que habíamos acumulado durante los dos días anteriores era de esperar que el cansancio comenzara a cebarse con nosotros a la mayor brevedad, por lo que el planteamiento de las siguientes horas resultaba vital a la hora de conseguir llegar a los postres sin perder el poco empuje del que aún disponíamos. En cualquier caso, el tránsito habitual había aumentado considerablemente y dificultaba la tomas de decisiones, por lo que finalmente optamos por un comando de abastecimiento y toma de posiciones para la obtención de valioso material gráfico. Mientras mis compinches se las ven con la muralla humana que empieza a levantarse al son de los primeros acordes, otra muralla, esta de voltios y llamada Nine Pound Hammer, se incrusta en mis oídos mientras Blaine Cartwright y Scott Luallen comandan al criminal cuarteto hacia el paroxismo. Básicamente, Nine Pound Hammer se pasaron por el forro aquello de llegar y ver para saltar directamente al meollo de la cuestión: vencer. En los primeros quince minutos de concierto habían soltado tal descarga de pepinazos que la mitad de los presentes nos sentíamos como si tuviéramos un cohete en el culo, no les digo más. Simples como el mecanismo de un chupete pero efectivos hasta niveles insanos, gritaron más alto, más fuerte y más rápido que todos los grupos anteriores juntos, y aunque Blaine diste de ser un genio a las doce cuerdas (sus punteos son una puta locura) sus meteóricos riffs hacían buscar refugio a la sección más tradicional de la concurrencia. Queda claro que los bolos de su periplo estadounidense han permitido al grupo llegar a Europa en buena forma y no dudar ante la liberación de quilotones de sonido, este sí, en combustión que rozaron sus niveles más histéricos cuando Blaine se agarró al micro para entonar un ‘Two Tub Man’ demencial, llevando su voz hasta los límites de lo humano. Mientras tanto, el festival se prolongaba y Scott colgaba una bandurria... perdón, una Gibson, colgaba decíamos de su impresionante fisionomía. Les sobró fuelle para hacer bises y volver a prepararla en cuestión de minuto y medio, ya fuera de todo control y dejándose llevar por el enorme caudal energético contenido en el ambiente, abandonándose a una lacerante disciplina auditiva que agradecimos con numerosos gritos, aullidos, aplausos y demás expresiones de júbilo de características de estos intentos de catarsis individual o colectiva llamados conciertos. No se les recordará por una contribución capital al mundo de la música y el arte, por que lo que hacen estos tipos hacen es, esencialmente, incitarte a que vayas a tu casa y la reduzcas a cenizas mientras destruyes la paz suburbana con el aberrante soniquete de tus furiosos Lp’s de vinilo, ahora que si quieres experimentar algo parecido a un martillo de nueve libras estampándose contra tu hueso frontal no dudes en asistir a un live action de estos muchachotes, tipo duro: a ver cómo lo digieres. El colofón lo puso Ruyter (Nashville Pussy), saltando al escenario para corear el nombre de la banda de su marido. Un matrimonio lo que se dice killer.

SERIE Z 2003   Eso fue precisamente lo que les faltó a The Hellacopters: un puntito killer. Con ganas, pues era mi primer contacto con el directo de los suecos, estaba bastante concentrado en la habitual búsqueda de una posición desde la cual la perspectiva permitiera un registro gráfico adecuado, tarea ardua en un entorno rebosante de gente aún más exaltada que yo (ese fan extático, esa mano cornuda, la cabeza del tío más alto de todo el recinto...) y ya se escucha ese piano insistente, las notas que sirven de prólogo para su nuevo trabajo, ‘By The Grace Of God’, y este concierto, consagrado en su primera parte a la mayor gloria del citado álbum, un trabajo al que cualquiera con dos dedos de frente debería dedicar varias escuchas atentas. Todo el poderío melódico de ‘Carry Me Home’ y ‘Down On Freestreet’ ejecutado con la maestría de unos tipos que en esto de tocar tienen bastante callo. The Hellacopters son ahora mismo una verdadera máquina de directo, con lo que de positivo y negativo conlleva el término "máquina". Tremendos sobre las tablas, para el momento en que empezaron a repasar temas antiguos como ‘Hopeless Case Of Kid In Denial’, ‘(Gotta Get Some Action) Now!’, ‘Soulseller’, ‘Move Right Out Of Here’ o ‘Toys & Flavors’ ya iban bastante disparados, pero yo no terminé de comprender muy bien hacia dónde se movía aquel inmenso cometa de pulcritud técnica, todo guitarras al aire y explosiones de energía, pero también falto de una cualidad que unos llamarán entrega y otros, los menos finos, cojones. Ni por activa ni por pasiva conseguí conectar con un concierto a todas luces notable, pero es que cuando la mecánica entra en escena el directo pierde todos los atributos que lo dotan de sentido; así, la impresión de euforia inicial terminó por transformarse en la perplejidad de ver cómo me iba alejando progresivamente hacia la zona trasera, mucho menos congestionada y más propicia para la reflexión, mientras cavilaba en silencio sobre qué iba yo a decir cuando me tocara traspasar mis sensaciones al papel. La cosa fue tomando forma a medida que pasaban las horas, por aquello de la perspectiva que otorgan el tiempo y las bebidas alcohólicas: inmejorable banda en conjunto, los hellacas de hoy día fallan porque han sacrificado parte de su innegable pegada en favor de una actitud que, de tan profesional, resulta fría, y es precisamente ese afán de hacer un show perfecto el que les impide llegar a cuajar un concierto realmente extraordinario, algo más grande que el enorme castillo de fuegos artificiales en el que se han convertido. Volved a la tierra, chicos: os echamos de menos.

   Bueno, como solía decir mi abuela: "Podría haber sido mucho peor". Después de tres días dando tumbos por Jerez sin otra ocupación que holgazanear y actuar como desubicados crónicos, las reservas comienzan a dar alarmantes signos de agotamiento, pero el espíritu se mantiene gracias a las buenas vibraciones cosechadas durante las jornadas anteriores, opíparo festín culminado por un postre digno de tan magno evento. Es curioso lo importante de un buen postre. Puede arruinar una comida deliciosa o convertir un ‘pico cualquier cosa’ en el mejor momento del día.

SERIE Z 2003   Por supuesto, una buena comida regada con ricos caldos puede alcanzar el grado de delito si el postre es el adecuado, y para la ocasión los chicos del Serie Z habían optado por una receta largamente ausente de los menús europeos. Radio Birdman. ¡Un verdadero escándalo! Sean cuales sean las objeciones que se plantearan durante el fin de semana, hemos de agradecer eternamente al emprendedor festival el habernos brindado la oportunidad de ver a estas leyendas sobre un escenario. Para mí, uno de los acontecimientos rockisticos más emocionantes de los últimos años, por no decir de toda mi vida, en el que deposité grandes dosis de esperanza. De hecho, los días previos al festi ni siquiera contemplaba la posibilidad pensar en la importancia de lo que iba a ocurrir el domingo por miedo a crearme demasiadas expectativas, pero el autoengaño sólo funciona hasta cierto punto y en lo más profundo de mi subconsciente sabía que esperaba lo mejor de ellos. Afortunadamente, el mejor resumen que se puede hacer de su paso por Jerez es que fueron un broche de oro perfecto a todas nuestras vicisitudes y tribulaciones, la recompensa perfecta a tanta carretera y horas de sueño infames, tantos litros de alcohol aguado, dolores de cabeza y coordinación logística para posibilitar el encuentro.

SERIE Z 2003    Para algunos la espera había durado casi veinticinco años; la de otros (como es mi caso) no llegó a tanto, pero todos delatábamos la misma eufórica inquietud en nuestros semblantes, transmutados en pura satisfacción y regocijo cuando se estableció contacto visual con Masuak, Tek, Hoyle, Younger, Dickson y Keely, todos ellos ya bastante talluditos, enfundados en un traje sónico que definió el Aussie Rock como lo conocemos gran parte de los aficionados de todo el globo y que les sigue sentando mejor que a nadie, a pesar de los años y las enormes distancias geográficas/ existenciales que separan hoy día a algunos de sus componentes. Mentiría si dijera que llegaron en un estado de forma inmejorable, hubiera sido todo un lujo poder verles cuando el tour fuera más avanzado, pero rindieron muy por encima de las mejores perspectivas aun a sabiendas de que tenían a la gente en el bolsillo sólo con tomar el escenario y hacer una correcta interpretación de sus clásicos, sacando a relucir la grandeza que les hizo leyenda para exterminar cualquier tipo de nostalgia. Radio Birdman viven, alejados del papel que el tiempo reserva a la mayoría de los viejos gagás que intentan reverdecer viejos laureles: son una fuerza de la naturaleza de proporciones míticas, un leviatán legendario que vive una segunda juventud asombrosa, cegadora. Sonaron todas las que tenían que sonar: ‘New Race’, ‘Descent Into The Maelstrom’, ‘Man With Golden Helmet’, ‘What Gives?’, ‘455 SD’, ‘Murder City Nights’, ‘Aloha Steve & Danno’ ‘Do The Pop’... repertorio sin mácula, excepto por las omisiones de ‘Hand Of Law’ y su revisión de ‘TV Eye’ (como bien dijo Deniz Tek: "los Stooges están juntos de nuevo, así que no vamos a tocar nada suyo"), aunque poco se puede objetar cuando reventaron los bises con ‘You’re Gonna Miss Me’, no por esperado menos aclamado, y atronaron durante lo que pareció poco más de media hora, tal fue la intensidad y calidad del evento. Sin duda, en este caso la objetividad (si tal cosa existe bajo el sol) queda claramente oscurecida por la pasión que uno siente por esta banda desde el día en que un cassette con ‘Radios Appear’ y el ‘In The Air Tonight’ de Union Carbide Productions entró en su vida, sentimiento plenamente refrendado por lo que el abajo firmante pudo escuchar y contemplar en la afortunada, afortunadísima noche del 30 de Agosto de 2003. Vencieron por KO, borraron de un plumazo la memoria acumulada en setenta y dos horas de culto al watio para confirmarse no sólo como absolutos triunfadores del Serie Z 2003, sino también como una banda surgida de un pasado remoto para llegar al presente con un futuro increíblemente esperanzador. Una de esas experiencias con las que martirizarás a tu descendencia cuando el joven y desafiante rockero que eres hoy día se convierta en un viejito hogareño, resguardado al calor del brasero bajo unas faldillas verdes con bordados. Esperemos que nos toque el lado salvaje de la tercera edad. El año que viene, más.

 

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Rock A Hulas. Foto: Jorge X
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Texas Terri. Foto: Jorge X
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Jason Ringenberg. Foto: Jorge X
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Three Michelle Gun Elephant. Foto: Jorge X
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Three Michelle Gun Elephant. Foto: Jorge X
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TMGE. Foto: Jorge X
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Sin City Six. Foto: Jorge X
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Savoy Truffle. Foto: Jorge X
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Georgia Satellites. Foto: Jorge X
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Junkyard. Foto: Jorge X
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Quireboys. Foto: Jorge X
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Quireboys. Foto: Jorge X
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Twisted Sister. Foto: Jorge X
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Twisted Sister. Foto: Jorge X
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NCC. Foto: Jorge X
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Hydromatics. Foto: Jorge X
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Hydromatics. Foto: Jorge X
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Nice Pound Hammer. Foto: Jorge X
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Nice Pund Hammer. Foto: Jorge X
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The Hellacopters. Foto: Jorge X
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The Hellacopters. Foto: Jorge X
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Radio Birdman. Foto: Jorge X
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Radio Birdman. Foto: Jorge X
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Radio Birdman. Foto: Jorge X

 

Texto y fotos: Jorge X
(Fecha de publicación: 09/10/2003)


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