El dúo desgrana el origen de Tensión, su evolución desde Neverhood y una forma de entender el rock basada en la intensidad y la honestidad.
Daphne es uno de esos proyectos que demuestran que el tamaño de una banda no se mide por el número de integrantes, sino por la intensidad de lo que ocurre cuando suena el primer acorde. Nacido en 2018 tras la disolución de Neverhood, el proyecto supuso para sus miembros no solo un cambio de nombre, sino una auténtica reformulación de su forma de entender el rock, la creación y el directo.
Convertidos en power dúo, Daphne apostó desde el inicio por un planteamiento arriesgado: prescindir de las guitarras y construir su sonido sobre el diálogo constante entre bajo y batería. Lo que empezó casi como una solución práctica acabó convirtiéndose en una seña de identidad poderosa, cruda y sorprendente, capaz de llenar escenarios y desconcertar al público en los primeros segundos de cada concierto.
Tras un EP homónimo que sirvió como carta de presentación y punto de inflexión personal y creativo, el grupo ha dado un paso decisivo con Tensión, su primer álbum de larga duración. Un disco donde la potencia sonora convive con una carga emocional intensa, abordando conflictos internos, relaciones al límite y procesos de crecimiento desde la vulnerabilidad, sin perder contundencia ni ambición. La producción de José Caballero ha marcado un antes y un después en la evolución del proyecto, consolidando un sonido directo, grande y sin artificios.
El directo sigue siendo el verdadero territorio de Daphne: escenarios en España y fuera de ella, junto con una forma de tocar física, visceral y contagiosa que confirma que aquí no hay trucos ni capas donde esconderse.
En esta entrevista, respondida por Marcos Cabello García, recorremos el origen del grupo, su particular construcción sonora, el proceso creativo de Tensión y el camino que se abre para una banda que ha aprendido a convivir con la presión… y a hacer de ella su mejor aliada.
Antes de formar Daphne, ambos estabais en Neverhood. ¿En qué medida aquella etapa marcó vuestra manera de entender la música y qué aprendizajes os llevasteis de esa experiencia previa?
Neverhood fue el punto de partida de todo. Ahí nos dimos cuenta de que entre nosotros había algo más que tocar bien juntos: había conexión real. Esa sensación de mirarnos en un ensayo o en un escenario y saber exactamente por dónde iba a ir el otro sin decir nada.
También fue la etapa en la que entendimos que un proyecto no avanza solo con canciones. Necesita gente que crea en él, que empuje cuando tú dudas y que esté dispuesta a remar en la misma dirección. Aprendimos lo importante que es apoyarse, confiar y cuidarnos.
Y, sobre todo, aprendimos a amar el directo. A disfrutarlo de verdad. A entender que un concierto no es solo tocar canciones, sino generar un momento con el público, crear una atmósfera y salir del escenario sintiendo que ha pasado algo irrepetible.
Sin Neverhood no existiría Daphne.
En 2018 decidisteis iniciar Daphne como un nuevo proyecto. ¿Qué necesidad creativa o personal os impulsó a abrir esta etapa y qué buscabais que no encontrabais en vuestros trabajos anteriores?
Neverhood se disolvió por diferencias creativas y por una manera distinta de entender hasta dónde debía llegar el proyecto. Jesús y yo sentíamos que queríamos ir más allá, apostar más fuerte, tomárnoslo todavía más en serio. Y cuando nos vimos solos, en lugar de frenarnos, decidimos reinventarnos.
De hecho, yo era guitarrista. Y casi por necesidad empecé a tocar el bajo. Fue un cambio radical. En ese momento ya existían referentes como Royal Blood que habían demostrado que un dúo podía sonar enorme, pero nosotros veníamos de la mentalidad clásica de banda de cinco miembros. Tuvimos que romper esa idea y aprender muy rápido.
Lo curioso es que en esa limitación encontramos algo que no sabíamos que estábamos buscando. Descubrimos una forma de entender el rock mucho más directa y poderosa: una sola melodía que lo sostiene todo, muy pegada a la batería. Eso nos obligó a ser más creativos.
Y, sinceramente, nos divertimos muchísimo descubriendo ese sonido. Tanto que hoy me siento más bajista que guitarrista.
¿Por qué optasteis por mantener la formación como dúo y prescindir de guitarras, incluso en un género como el rock alternativo donde suelen ser esenciales? ¿Qué ventajas creativas os ofrece esa limitación autoimpuesta?
Al principio fue casi una decisión obligada. Queríamos estar los dos solos en este proceso. Teníamos una conexión muy fuerte y sabíamos hacia dónde queríamos ir. También hay una parte práctica, en muchas bandas surgen fricciones cuando toca invertir dinero, organizar tiempos para ensayar o viajar. nosotros eso lo teníamos alineado desde el minuto uno.
Lo curioso es que no empezamos queriendo ser un dúo sin guitarras. Yo soy guitarrista y lo intentamos así al principio. Pero faltaba algo: no sonaba grande, no sonaba contundente. Hasta que un día me llevé al local un bajo que tenía mi pareja, ella había sido bajista; y lo enchufé a mis amplis de guitarra. De repente apareció un sonido que no habíamos escuchado antes. Más sucio, más gordo.
El primer tema que hicimos así fue Arañas, ese era el camino.
La limitación se convirtió en ventaja. Al no tener más capas donde esconderte, tienes que ser mucho más creativo rítmicamente para que la canción avance y no se caiga. Todo depende del diálogo entre bajo y batería.
Y luego está la otra parte: la contundencia. Un bajo tratado como una guitarra tiene un peso brutal.
Al final no fue una renuncia a la guitarra; fue encontrar una identidad propia.
Vuestro EP homónimo de 2019 fue la primera carta de presentación de Daphne. ¿Cómo recordáis aquel proceso y qué huella dejó en vuestra evolución hasta este primer álbum?
Ese EP fue mucho más que un lanzamiento. Fue cerrar una herida y abrir una puerta al mismo tiempo.
Con Neverhood se nos había quedado algo pendiente: nunca llegamos a materializar un álbum. Y para nosotros eso era importante. El EP de Daphne fue la primera vez que sentíamos que estábamos construyendo algo tangible, algo que iba en serio.
También fue nuestro primer proceso de grabación realmente profesional. Ahí conocimos a Víctor Sainz en California Studios, que fue clave. Nos ayudó a entender cómo sacar el máximo partido al sonido, cómo trabajar los amplificadores, cómo grabar un bajo para que sonara enorme sin perder definición. Nos hizo pensar el proyecto desde otro nivel.
Y en lo personal fue un salto gigante. Yo nunca había cantado en un estudio. Pasar de tocar la guitarra en una banda a poner la voz y enfrentarte al micro, fue curioso.
En 2025 publicasteis “Live Sessions 2025 – California Studios”. ¿Qué os llevó a registrar estos temas en directo y qué buscasteis mostrar que quizá no aparece en las versiones de estudio?
La Live Session 2025 nace de un paréntesis. Por motivos laborales me tuve que ir a vivir a Alicante y eso, inevitablemente, frenó el ritmo del proyecto. No lo rompió, pero lo puso en pausa. Seguimos trabajando en la distancia, escribiendo, hablando constantemente… y con una idea muy clara: esto no se acababa aquí. Sabíamos que en algún momento volveríamos a estar en la misma ciudad y que Daphne tenía que seguir creciendo.
Cuando regresé, la live session fue nuestra forma de decir: “estamos de vuelta”. Y tenía que ser en directo, porque si hay algo que define a Daphne es cómo suena sobre un escenario.
En estudio puedes pulir, doblar, matizar… pero en directo no hay red. Y nosotros queríamos mostrar justo eso. Cómo dos personas pueden llenar un espacio sin trucos.
En vuestro debut “Tensión” habéis trabajado con José Caballero, productor habitual de bandas como Arde Bogotá, Kitai o Shinova. ¿Qué aportó a vuestro sonido y cómo influyó en la evolución del disco?
Fue un punto de inflexión total. Antes de llegar a José conocimos a Damián Lozano, nuestro actual mánager, y fue él quien, después de escuchar nuestras canciones, nos dijo: “tenéis que ir con José Caballero”. Creía que era el productor perfecto para una banda emergente de rock alternativo que quiere dar un salto real.
Y acertó de lleno.
José tiene algo muy interesante: es un apasionado del metal, le gusta la contundencia, la energía cruda… pero también entiende perfectamente cómo funciona la música más comercial, cómo hacer que una canción conecte sin perder personalidad.
El proceso fue rápido. Desde el minuto uno hubo entendimiento. De hecho, él no había escuchado los temas antes de entrar al estudio, y eso hizo que todo fuera muy orgánico.
“Tensión” combina potencia, crudeza y una fuerte carga emocional. ¿Cómo describiríais el enfoque sonoro del álbum y qué dirección buscabais al grabar temas como “Madre”, “Zodiac” o “Lazo Rojo”?
Todo el disco gira alrededor de una idea muy clara: la tensión. Esa sensación de estar al límite, de convivir con algo que aprieta por dentro.
A nivel sonoro queríamos que eso se notara. Que no fuera un disco cómodo. Que tuviera potencia y crudeza, sí, pero también espacio para que la emoción respirara.
Las canciones parten de sitios distintos —algunas son muy personales, como Madre, y otras se apoyan más en la ficción, como Zodiac o Lazo Rojo—, pero todas hablan de lo mismo: de situaciones que te llevan al límite. Relaciones intensas, obsesiones, miedos, decisiones que te colocan en un punto incómodo.
El disco aborda emociones complejas, heridas personales, relaciones tóxicas y crecimiento a través del conflicto. ¿Cómo afrontasteis la escritura de las letras y qué papel juega la vulnerabilidad en este trabajo?
Voy a empezar diciendo algo que siempre sorprende: yo no soy el letrista de Daphne
Hay un “tercer miembro” en la sombra que es fundamental en el proyecto: Ángela Jiménez, mi pareja. Además de diseñar toda la identidad visual —la portada de Tensión, el arte del EP— es quien escribe las letras.
Cuando tenemos la música terminada, me siento con ella durante horas a hablar sobre lo que nos transmite esa canción. Sobre qué nos remueve, qué historia podría vivir ahí dentro. Y a partir de esas conversaciones empiezan a nacer las letras.
Lo bonito es que, aunque muchas veces partan de la ficción, siempre hay algo real debajo. Ángela me conoce profundamente, así que sabe tocar temas que conectan conmigo, aunque también hay historias suyas.
La portada y el diseño realizados por Ángela Jiménez Torres acompañan visualmente el concepto de “Tensión”. ¿Qué relación existe entre su propuesta estética y la narrativa emocional del disco?
La portada es una extensión del disco.
La relación es total, porque el concepto nace del mismo sitio. No fue primero la música y luego una imagen que la acompañara, sino que todo forma parte de la misma conversación emocional.
En el disco hablamos de relaciones que están sostenidas por algo frágil.
Nos interesaba mucho esa dualidad, lo delicado y lo agresivo conviviendo. Lo simétrico frente a lo que desestabiliza. En las canciones pasa lo mismo.
A pesar de ser un dúo, en la prensa se señala que vuestro directo destaca por su intensidad. ¿Cómo planteáis los conciertos para lograr esa sensación de energía arrolladora con solo dos músicos sobre el escenario?
La verdad es que no hay un truco ni una estrategia calculada. Desde el primer acorde ya pasa algo, el sonido sorprende. Mucha gente tarda unos segundos en entender qué está escuchando. Se preguntan si es un bajo, si hay guitarras escondidas.
Jesús y yo tocamos muy físicamente. Nos movemos mucho, sentimos cada golpe, cada silencio, cada subida.
No ensayamos coreografías ni planificamos gestos. No pensamos “aquí hay que saltar” o “aquí hay que acercarse al público”. Simplemente nos dejamos llevar por la canción. Y cuando tú estás completamente dentro de lo que estás tocando, eso se contagia.
Habéis tocado en ciudades tan dispares como Londres o Tiflis (Georgia). ¿Qué diferencias encontrasteis entre actuar fuera de España y hacerlo aquí? ¿Alguna anécdota destacable de esas experiencias internacionales?
Sí que hay diferencias, y bastante claras.
En Georgia nos encontramos con un público increíblemente apasionado, con una necesidad casi visceral de música en directo. No sé si tiene que ver con su contexto social o político, pero la sensación era que el rock allí se vive de una forma muy cruda, muy auténtica. Había tanta hambre de directo que hasta había perros sueltos en el festival, plantados frente al escenario mientras tocábamos, como si también estuvieran asistiendo al concierto. Fue una imagen surrealista.
En Londres la sorpresa fue distinta: la profesionalidad y las facilidades. Buen equipo, buena logística, salas que cuidan a las bandas. Nos impactó que nos resultara más sencillo cerrar fechas allí, repetir y cubrir gastos —incluso ganar dinero— que hacerlo en nuestra propia ciudad. Eso te hace pensar.
Más allá de los alquileres o las condiciones, creemos que es fundamental que existan espacios donde las bandas emergentes puedan crecer sin sentirse asfixiadas. Si no se cuida esa base, la escena se resiente.
Y luego están los momentos que no se olvidan. En Londres fue surrealista encontrarnos entre el público a gente del pueblo de Jesús. Estar tocando fuera de España y que aparezcan paisanos apoyándote… fue muy emocionante. Además, ver a público ingles viéndote cantar en español y felicitarte no se olvida.
Tras una gira con más de 20 fechas, ¿qué conciertos tenéis programados para los próximos meses y qué pueden esperar quienes aún no os han visto en directo?
Lo primero que pueden esperar es intensidad. Somos uno de los power dúo más contundentes del panorama nacional, y defendemos un hard rock directo, sin adornos, con canciones en español que buscan que la gente no solo las escuche… sino que las sienta.
Venimos de una gira con más de 20 fechas y seguimos con mucha hambre. El 7 de marzo estaremos en Zaragoza, en La Ley Seca; el 27 de marzo en Granada, en Discos Bora Bora; el 12 de abril volvemos a Londres, a The Dublin Castle; el 18 de abril en Sevilla, en la Sala Mutante; y en agosto tenemos una cita muy especial en Sonorama Ribera. Y hay más fechas que anunciaremos pronto.
Quien aún no haya venido, somos dos personas llenando el escenario, un sonido que sorprende desde el primer segundo y una energía que va creciendo.
“Tensión” acaba de ver la luz, pero ¿hacia dónde os gustaría que evolucionara Daphne a partir de ahora? ¿Tenéis ya nuevas ideas, colaboraciones o direcciones sonoras en mente?
Aunque Tensión acaba de salir, nosotros ya estamos mirando hacia delante. De hecho, tenemos compuesta aproximadamente la mitad del segundo álbum y la idea es meternos a grabar a mediados o finales de año, probablemente de nuevo en Neo Music Studio.
No diría que será una continuación directa, pero sí una evolución natural. Quizá hay un poco menos de oscuridad en el enfoque, pero sigue habiendo mucho rock and roll. Mucha energía. Es como si después de atravesar la tensión ahora estuviéramos caminando con más seguridad dentro de ella.
Musicalmente estamos siendo más ambiciosos, más conscientes de nuestro sonido y también más libres. Creemos que va a sorprender, pero sin perder la identidad que ya hemos construido.
En cuanto a colaboraciones, no tenemos nada cerrado. Somos muy realistas: todavía estamos consolidando nuestro espacio. Pero estamos abiertos a todo lo que tenga sentido artístico y humano.
Interpretaciones en directo de las canciones “Zodiac” y “Oro a Dinamarca”:
Más información:
Instagram: https://www.instagram.com/somosdaphne
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Este artículo fue publicado originalmente en La Factoría del Ritmo Número 26 (sección: ).
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