Guns N' Roses: 210 minutos son molto longo

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Observaciones: Foto desde el escenario por cortesía de Live Nation, el resto realizadas por Alfonso Fernández.

Actuación ofrecida el 9 de junio de 2023, en el Estadio Cívitas Metropolitano de Madrid.

A estas alturas de la película no es descabellado decir que Guns ‘n Roses son unas de las bandas más grandes del rock de todos los tiempos. Lo dicen las ventas (su disco de debut sigue siendo el LP de unos principiantes más vendido de la historia, aun habiendo transcurrido ya casi 40 de su alumbramiento), lo dice su público (y la afluencia a cualquiera de sus shows) y lo dicen los críticos (muchos de ellos todavía ojipláticos con la reunión tras tantos dimes y diretes).

Guns N' Roses : 210 minutos son molto longoPero como a cualquier monja se le escapa un peo, pues esta vez lo que hedió un poquito fue el show de los argelinos en su vuelta por Madrid desde el 2018. No es que al bueno de Hudson se le haya olvidado tocar la guitarra o que a William Bruce ya no le lleguen los gorgoritos como hace 30 años. Pero también es cierto que una banda como la argelina no necesita de 3 horas y media de concierto para reivindicarse ante nadie. Y menos con ese sonido tan lamentable que nos ofreció el Metropolitano. Pero bueno, vamos desde el inicio.

Con puntualidad taurina saltaron al ruedo los americanos The Pretenders. Para entonces no llegaríamos a diez mil las personas congregadas en el templo rojiblanco, pero Chrissie Hynde y sus chicos lo dieron todo sobre el escenario. Es de alabar la fortaleza de la cantante de Ohio que, por diversas vicisitudes de la vida, ha perdido a todos los miembros que fundaron con ella la banda a finales de los 70 y que sigue al pie del cañón a sus 71 tacos como si fuera una jovenzuela. Sigue guardando la Hynde esa esencia punk que la acercó en aquellos primeros momentos a este movimiento londinense, con algún coqueteo incluso con varios de los miembros de los Sex Pistols. Ya sobre este escenario la banda se muestra muy estática, aunque ello no es óbice para que repasen todos los hits de su vida. Entre ellos suenan “Hymn to her”, “I’ll stand by yo” o el movido “Don’t get me wrong”, que agita a las masas ante lo que se le viene encima.

Tras la hora destinada a la banda invitada, media hora de reloj para que, otra vez a la hora pactada, empiece el show de los californianos. No parece que vaya a ser una noche donde el escenógrafo se vaya a llevar el Oscar a los efectos especiales, pues la entrada al escenario es un poco fría (con lo que me mola a mí ese momento). Solo una pantalla tras la batería, que en todo momento muestra una animación relacionada con el tema que se está interpretando, da alegría a un escenario algo sobrio.

El concierto como siempre se abre con “It’s so easy”, pero ya deja muestras de que nuestros oídos no va a captar todo lo que esperábamos del show. Además la luz solar del mes de junio a esa hora todavía nos hace visualizar que el recinto futbolístico no está tan lleno como se esperaba y que la grada inferior frente al escenario está casi vacía. A ella le sigue “Bad Obsession”, primera sorpresa de la noche pues es un tema del “Use your illusion” que hacía la friolera de 30 años que no tocaban en vivo y que han recuperado para este curso. Siguen cayendo temas más conocidos para el público en general (“Mr. Brownstone”) y otros menos (“Chinese democracy”) y entre media alguna rareza (como “Slither” de los Velvet Revolver de Slash y que me molaba más cuando la cantaba Weiland). Es el momento de interaccionar brevemente con el público (no lo hizo muchas veces) y dar paso a uno de los grandes temas e instantes de la noche: “Welcome to the jungle”. Locura entre el respetable y contoneos y grititos para el bueno de Axl. Ya se le han calentado lo suficiente los dedos al del sombrero y es el momento de empezar a juguetear con la guitarra. Lo que parece que no reacciona es el sonido, que parece que se va y viene por momentos.

Siguen rescatándose temas del baúl de los recuerdos, como “Pretty tied up” (también del doble álbum del 91) o “Reckless life”, de su segundo álbum. Slash cambia de guitarra a una roja y juguetea con ella tocando un solo con tintes árabes (le habrá cogido gustillo tras los dos conciertos previos en Israel y Abu Dhabi) en “Double Talkin’Jive”.

Tras estos temas clásicos (pero algunos de ellos no muy “manoseados” por el grupo), llega el turno para las novedades. Suenan “Hard skool” y “Absurd”, temas sacados durante la pandemia y que dejan a la peña algo helada. Solo la versión del clásico de los Wings del “Live and Let Die” devuelve el pulso a los asistentes. Pero solo ha sido un paréntesis, pues la gente vuelve a rellenar sus cervezas y vaciar sus vejigas cuando suena “Wichita Lineman”, cover de Jimmy Webb.

Guns N' Roses : 210 minutos son molto longoY en este perfil ciclista rompepiernas vuelve a tocar momento subida cuando suenan los acordes del “You could be mine” y los más viejos visualizamos a Arnold sobre su moto. Qué tiempos!!! Tras este momento vintage suena “Estranged”, donde Axl luce la potencia vocal que todavía retiene. Siguen sonando canciones, ya llevamos 16 y todos los relojes marcan las 23:10 (todos menos el de Slash , que vemos en las pantallas que lleva la hora de Los Angeles). Es el momento de Rocket Queen, instante que aprovecha Richard Fortus para demostrar que él también sabe tocar la guitarra (y muy bien oiga). Esto envalentona a Slash, que se pica con su compañero de banda, y que golpea con sus dedos la guitarra demostrando que es uno de los mejores en esto. También tiene su momento gracioso, colocándose al micro no para cantar sino para hacer ruiditos, que extiende al siguiente tema “Anything goes”, también de su disco debut.

A lo tonto vamos camino de las dos horas de show y Axl se toma un respiro más grande y es el tercer miembro fundador que sobrevive en la formación (Duff McKagan) quien toma el micro para homenajear con el punkarra tema “TV Eye” a los Stooges de Iggy Pop. En “There was a time” Slash aprovecha para hacer el baile del pato de Berry, antes de que llegue otro de esos momentos cumbre con el “Don’t cry” (interpretada quizás a un ritmo superior al que estamos acostumbrados a escucharla). Tras el temazo del “Use your illusion” llega el momento de ”Shadow of your love”, otra de esas raras canciones que rescatan los de Los Angeles del fondo del armario y que solo los acérrimos conocen.

Después de éste aparece impresionada en la pantalla la bandera de Ucrania y ya sabemos a los que nos atenemos. Suena la voz en off, los silbidos y los primeros acordes del “Civil war”, momento en el que Axl presenta a la banda (y Slash a su guitarra doble). Tras oír uno de los temas más coreados de la noche, Slash interpone un solo antes de que suene la intro de su tema estrella, ese “Sweet Child of mine”, canción pluscuamperfecta de su discografía. Momento móvil en mano de los 45.000 que nos encontrábamos en el recinto de San Blas para inmortalizar el instante y alcanzar la medianoche.

Pero los argelinos desoyen los campanazos de Cenicienta y, en vez de recluirse a sus aposentos, continuan desgranando más temas con otro de sus indispensables como es “November Rain”. Para ello Axl se pone al piano, con Slash subido en la plataforma trasera del escenario y el respetable canta al unísono este hit del “Use your Illusion”. Para evitar que la gente se viniera arriba tocan dos temas menos conocidos como son “This I love” y “Locomotive” (éste más viejo pero pocas veces tocado).

Guns N' Roses : 210 minutos son molto longoLa noche va tocando a su fin y para ello dos temas más como son el cover del Knockin’ on Heaven’s Door de Dylan (precisamente estos días por Madrid) y el Nightrain (al que muchos confundimos con la canción anterior de “Locomotive” por el video que la acompañaba). Vuelve Richar a demostrarnos el gran guitarrista que lleva dentro.

Pequeño receso el que se toma la banda antes de los bises. En este caso no hay sorpresas y Axl reaparece en el escenario para cantar “Yesterdays” y “Patience”, dos temas que canta corriendo para demostrarnos que se encuentra quizás en mejor estado de forma que hace unos años precisamente por todos los vicios que ha dejado.

Y el colofón, como siempre, para “Paradise City” que finaliza un show algo largo en su duración, con el sonido como asignatura pendiente pero que pone a prueba la resistencia de las vigas del Metropolitano, que vibra con el último tema de los americanos. Tienen cuerda para rato estos chicos.

La Factoría del Ritmo quiere agradecer a Pol Pérez de Live Nation Madrid todas las facilidades dadas para poder asistir a este concierto.

Este artículo fue publicado originalmente en La Factoría del Ritmo (sección: ).

Sobre los autores del artículo:

Alfonso Fernández
Apasionado del rock más duro y experto en el Bosón de Higgs, que ha mamado y amado la música desde la cuna. El flechazo del rock le atravesó hace ya tres décadas. Militó como guitarrista en el grupo de rock Containers, aunque también le van otros estilos y tendencias, incluído el folklore. Forma parte del equipo de La Factoría del Ritmo desde el año 2009.

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