Peepshow: Killy y los hombres estrella

Peepshow: Killy y los hombres estrella
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Un álbum para hacer viajes astrales. Catorce canciones sugerentes para demostrar que aún es posible hacer rock que sorprenda y lleve al oyente a otros mundos.

Título galáctico y psicodélico como puesta en escena. Un disco con una portada de cielo negro, azul y añil a diferentes escalas cromáticas sobre noche de rascacielos y estrellas en punteado blanco.

Libro de las letras multimedia en diseño gráfico de reminiscencias underground, calidez pop y curiosidades oscuras. Formación clásica en trío:

Carsten Rees, a la batería, Vicente Bonillo, al bajo y Uve Martínez se encarga de voces y guitarra.

Fotografía de penumbras cromáticas de las susodichas criaturas en el formato "digipack" que está "molón".

Cosmogonía, cosmología, ciencia ficción y otras imaginaciones se dan cita. Una grabación, voz de mujer que comenta la posibilidad de una decisión, sus consecuencias, en fín, un viaje. Sueños y direcciones, parrafada quedona, son los primeros 38s, índice de un coro angelical bien maquetado, teclados a los 25s creando un ambiente con violines a los 38s, buena base, batería y guitarra a lo powerpop. Incisiva, con fuerza y voluminosidad "Kropotnik" (2º tema). 1m 18s de música. Una explosión, silencio, desierto sin regreso. Batuta la batería dirigiendo este 2º minuto. Otro tiempo musical a los 2m 11s plantea indagación, cazar el sueño que es la propia vida en estos menús de maná de pan y circo.

Pop muy vitamínico. ¿Conocerán al grupo mallorquín Antònia Font? Ahora son una banda con cierto éxito y reconocimiento que han sido cabeza de cartel en el Festival de Sant Boi de Llobregat. Recuerdo que les hice una reseña de su primer trabajo cuando trabajaba en Mondosonoro Baleares, ¡qué cosas!.

Tema orquestado que a los 3m 08s se hace más referencial en la disquisición y áun más ampuloso durante el resto de este tercer minuto. Riff guitarrero largo y vuelta a la fusión con música clásica que dicen que es la que hace crecer a las plantas. Teclados, violines, viaje especial hasta los 5m 08s en que vuelve otra grabación para pintarnos esa realidad metafísica y a los 5m 30s riff potencial, retomando la fuerza sobre los 6m 14s hasta los 6m 53s del corte con unos 20s de efecto electrónico.

Amarillo en el ojo de la 3ª canción titulada "Ventana amarilla". Circuito hermético de otra dimensión sin nombre adónde alejarse alejado de lo que parece trauma y angustia. Intriga como relato musical. Amanece el tema con las cuerdas y la batería, sonidos de guitarra dando una atmósfera que llega a los 50s. Un avance de relajación y misterio y unos puntitos como ondulaciones al 1m 10s, con una mecánica de cuerdas 25s después, mucho más poprock al 1m 50s y percusiones sonoras como espirales acompañadas de acordes breves durante la mitad del 2º minuto.

Dos timbres cercanos en la voz de UVE M, invitando y afirmando.

Estilo musical de registro ambiental con espirales, líneas definidas y experimentaciones. Denota fusión entre apartados del pop y de la electrónica con tendencias a un sector de evidencia meztiza.

"Sin título" es el 4º corte del disco (4m 52s). Provisto de una percusión y más contención en lo instrumental nos tranpsorta a territorios de reminiscencias -aguja en el ojo-, de contenidos retorcidos sobre el 1m 04s. Da la sensación de ser una persecución extendida con distorsión y ecos hasta el 1m 31s y profundidad de riffs en el silencio. Todo ello hasta los 2m 04s con un ambiente musical desde todo lo anterior. "Sin título" es una ruta que se hace claridad a los 2m 48s a modo de fibra delicada. Campaneo de guitarras y vuelta de lo que ser como coherencia del tercer momento -la síntesis- de la dialéctica hegeliana, tal vez la sabiduría del esclavo que diría el filósofo Víctor Gómez Pin.. Vuelta a la contundencia a los 4m y aplicación de más distorsión sin saturarnos la audición.

Disco generoso. 1h y 2 m, cuyo 5º tema lleva por título "Un punto" (3m 47s). Geografía en violeta de dos maniquís en el libreto. Un punto que nos hace discernir, o sentir entre felicidades y ruinas propias, entre uno y otro, inflexión y diatriba y que alguien se salta. Punto electrónico y de percusión (1-2, 1-2, chimpún) y de accordes hasta llegar a los 25s. El punto relativo, tal vez no es esquizofrenia, pero sí límite flojo y volátil. Al 1m 06s asistimos a una enredadera de sonido que se factura con una sinfonía ágida sobre el 1m 26s, denotando un ritmo cambiante, profundidades con el bajo, reverberaciones más oscuras, punteados a los 2m 53s, refundidas a los 3m 11s, ocultando alguna posibilidad.

5m 21s es la frontera temporal de RGB. Folleto pop de rostros. Estanque musical al que le cae una piedra que crea ondas hasta que entra Carsten a los 20s y pico segundos más una búsqueda posterior de entraña eléctrica. Magia y combinación binaria. Virtual pastoreo. Mente que estalla al 1m 16s y ritmo con teclados al 1m 26s. Un chorro del luz posterior con guitarras que son paredes de ritmos sobre los 2m, prosiguiendo, sin inmutarse, relámpagos de batería y teclados con un tono más sinfónico (2m 54ss), que al escucharlo me hace olvidar la necedad del terrorista de Estado José María Aznar que ha declarado que el pueblo musulmán debe pedir perdón por invadir España.

En el tema citado el timbre de voz es aleatorio (2m 54s y ss), se encadena una alucinación cordial a los 2m 27s , relacionándose con una cadena de murmullos con la guitarra emergente, una escala de alternancias a los 4m 22s, con detalles semirockanroleros. Mentiras en un ensenada de RGB, chats y evanescencia digital.

"El fantasma de Shiubari" marca la mitad del disco. Una tarjeta de 5m 29s. Tres instrumentos a tope y una rítmica suave a los 43s. Hay algo que no se puede ver nos cantan. Una presencia reiterariva. Regreso de un ente. Parece que un ser invisible se hace visible. Medio tiempo de percusión (1m 14s). Sonoridad en perfumes mistéricos. Nueva acción musical en corto, a los 2m el fantasma se quiere quedar. Compañía que se enriquece con una distancia de las cuerdas (2m 26s), junto a una instrumental cadencia acompañada de teclados deslizándose a una distorsión en la guitarra. Todo ello sumando los segundos en estas supersticiones de cualidad. Sobre los 3m 39s vibra el sonido de las cuerdas que se hacen soledad con incisiones metálicas hasta los 4m 01s. Ductilidad de formas y lírica conceptual a los 4m 30s y un final sin etiquetas. Un ser invisible se hace visible, ¿que pasará en el siguiente tema titulado "La ciudad invisible?

El ambiente se inicia tenebroso. Otro instrumento nace entre desesperación y conductas oscuras hasta los 49s con otro teclado y la batería punteando un sonido y un estallido. Llantos y silencio, filtros tranquilos al 1m 52s, elucubraciones rítmicas a los 2m 08s y ss. La voz nos cuenta las maldiciones de la ciudad invisible. Cuento de ladrones de almas, voz femenina a los 2m. ¿Dormitar de conciencias. Un más allá? Metafísica musical de tendencias realquiladas. Tema orquestado de sección más lineal apartir de los 3m 35s hasta los 4m 08s, tomando espacios de esperanza como flotación influyente hasta los 5m mediante una detención hábil que mantiene el ritmo.

Llegamos ya al tema que da título al disco. Dura 3m 31s y empieza fuerte. Sonata pop entrelazada. Dos cambios de tiempo con el bajo planeando con la aparición de Killy y más vigor sobre el 1m 06s.

Es un tema sencillo que cuenta con la singladura de Killy perdido en una pesadilla, palabra clave en este disco. Olvidos, formas y despertar. Catamos una sinfonía muy guitarrera típica del indie español de los 90 a los 2m y unas pinceladas de las cuerdas a los 2m 33s con una desconexión de cortesía.

¿Desaparece el personaje?

10s para el 10º tema. Una travesura punzante de recorrido eléctrico minmalista que nos redirige sin compasión al 11º corte cuyo título es "Héroes", conectado en la transfusión poprrock con un cambio en el registro y punteados largos hasta los 54s. Inmolación, perderse, héroes. Idea de estribillo y al 1m 25s remache preciso de nuevo con instantes de pop. Serenidad en el riff a los 2m 01s. Una especie de agujero en el ritmo. La batería nos mece durante una veintena de segundos y elaborando otro recorrido enlazado con la guitarra a los 3m 03s. Electrónica más cañera y vibrante de unos 37s, sobre el que una mujer a modo de informativo habla sobre un suicidio a lo bonzo, con posibles coincidencias en la ciudad de ese mundo especial.

38s para el 12ª corte. Instrumental. Deseo, borrasca de bataca y bajo con un "volvemos a empezar" de ensayo, o estudio. Broma formal ya cerca del final.

"Final perfecto", es el 13º. Soltura del estilo de la banda, caudaloso entre los 33s y los 38s. Alguien desaparece, deberá tomar decisiones. La guitarra imponente desde el 1m 01s, sonido seductor 34s después, calma al 1m 48s, se reitera el deseo a los 2m 16s y el sonido es más potente a los 2m 51s. Una mezcla de efectos se potencia hasta el final de una escala de armonía desde los 3m 31s, con una frenada y un salto a decidir. La señal del final.

"Sinfonía 3000" es la siguiente pista y lo tiene todo para ser bautizado como concpetual en su extensión sonora. Teclado, violines, a los 58s de un horizonte infinito, figuras musicales arraigadas que descienden al 1m 55s (aprox). Homogeneidad de las percusiones a los 2m 20s,e inflexiones en el tercer minuto. Violín a los 3m y segundos. Producido navegando en los ambientes.

Buen viaje a Killy y los hombres estrella, y a PeepShow.

Este artículo fue publicado originalmente en La Factoría del Ritmo (sección: ).

Sobre los autores del artículo:

F-MHop
Jefe de redacción de La Factoría del Ritmo desde su fundación en 1995. Actualmente colabora en las revistas Rockdelux y Hip Hop Life. Previamente ha colaborado con otros muchos medios, entre los que se encuentran Arco FM, Metali-k.o., Zona de Obras, Onda Cero, Pulse! Latino, Onda Verde Gijón, Astur Music, Serie B o Hip Hop Nation. También fue beatmaker en el grupo Soul Dealers, practicantes de un Hip Hop combativo y comprometido.

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