MARILYN CRISPELL, GARY PEACOCK & PAUL MOTIAN: "Amaryllis"
(CD, ECM, 2001)
No estamos demasiado acostumbrados
en La Factoría a incluir textos relacionados con el Jazz, a pesar
del tiempo que algunos de nosotros llevamos enganchados a esta forma
expresiva, así que me he decidido a ir incluyendo algunos comentarios
de discos más o menos encuadrables dentro del espectro jazzístico
(si es que esto quiere decir algo) para, dentro de mis limitaciones,
aportar un poco más de color a nuestra revista. Y voy a comenzar
con "Amaryllis", un trabajo que me ha impresionado sobremanera
y que me ha tenido subyugado en los últimos meses. No se trata
de la primera colaboración entre Crispell, Peacock y Motian.
Ya en 1997 y también para ECM registraron un fantástico
doble álbum, "Nothing Ever Was, Anyway", en el que
su interpretación de la música de Anette Peacock descubrió
las enormes posibilidades expresivas de este fabuloso trío que,
en su primera grabación como unidad, lograba unas cotas de calidad
deslumbrantes. Pues bien, han tenido que pasar cuatro años para
poder disfrutar de un nuevo trabajo conjunto de estos tres magníficos,
y lo cierto es que la espera ha merecido la pena. Abordando esta vez
temas propios, las expectativas creadas por su debut se han visto ampliamente
superadas por los resultados obtenidos, más que notables, notabilísimos,
diría yo.
En las notas interiores de "Momentum
Space" (Verve, 1999), Dewey Redman comentaba que, en su opinión,
no existen las "improvisaciones totales": en toda forma de
improvisación, por muy libre que sea, siempre subyace una estructura
definida de forma inconsciente o parcialmente inconsciente por el intérprete.
Pues bien, es este tipo de improvisación cuya existencia niega
Redman la que se aborda en "Amaryllis". Reunidos por iniciativa
de Manfred Eicher y guiados por un espíritu exploratorio absoluto
(la mayor parte de las piezas del disco son improvisaciones desarrolladas
en tiempo real de grabación), Crispell, Peacock y Motian entregan
una de las obras fundamentales del catálogo ECM y de la música
libre de los últimos cinco años (otra sería el
citado "Momentum Space" de Cecil Taylor, Dewey Redman y Elvin
Jones, grabado, curiosamente, en los mismos estudios en los que se registró
"Amaryllis", los Avatar de Nueva York). Tanto a nivel individual
como colectivo las ejecuciones del trío bordean la perfección,
logrando el grado de interacción y comprensión mutua necesario
para convertir el proyecto en un éxito de principio a fin. Quizás
sea Motian el menos inspirado, lo cual ya da una medida del nivel de
las interpretaciones: soberbio en su uso de los platos como puntuación,
utiliza el espacio con enorme inteligencia, dosificando sus intervenciones
y transitando de manera magistral en cualquier dirección que
tomen sus compañeros. Es posible que, por la naturaleza del material
(todos tempos lentos, muy lentos) y del pianismo de Crispell, sus evoluciones
queden demasiado en suspenso, impidiéndonos disfrutar de su particular
concepción del ritmismo, que en esta ocasión sacrifica
a favor de un enfoque mucho más armónico y tímbrico.
Igualmente destacable es la aportación de Gary Peacock, que sólo
puede definirse como excepcional. Tremendo contrabajista en el que la
técnica siempre está al servicio de las ideas y al que
la creatividad nunca parece abandonar, la corpulencia de su sonido encuentra
en estos fondos sonoros un campo de pruebas ideal para desplegarse en
todo su esplendor. En contraposición con su trabajo para el trío
de Keith Jarrett, mucho más formal (al menos rítmicamente),
aquí opta por un contrabajo planeador cuyas en principio difusas
frases son en realidad el tronco sobre el que se suspende gran parte
del trabajo de sus compañeros. Sería difícil pensar
en un instrumentista más adecuado para esta sesión.
Para el final he dejado a Marilyn
Crispell, que se erige por derecho propio en protagonista indiscutible
del disco, no porque se trate de una grabación supeditada a sus
habilidades, sino porque su personalidad, inventiva e inteligencia hacen
que las intervenciones de sus partenaires queden empequeñecidas
ante la magnitud de su talento. Lírica y enormemente expresiva,
oscila entre la formalidad y las estructuras más arriesgadas
con una naturalidad que a uno le deja, cuando menos, perplejo: su fraseo
hace pensar en una suerte de Free Jazz de conjunto vacío más
que en la delicadeza y contención de un Bill Evans o un Paul
Bley (al que sin duda ha escuchado), adoptando una formulación
alejada de los histrionismos del vuelo libre pero igualmente poderosa
y desestabilizadora. Lo cierto es que cualquier calificativo parece
accesorio frente al conocimiento que de las reglas de su instrumento
demuestra, las cuales no duda en ignorar cuando la situación
lo requiere y tiene muy presentes en los momentos clave. Esto da lugar
a un estilo muy interesante y equilibrado que, en mi opinión,
está destinado a influenciar a más de un pianista en los
años venideros. Porque Marilyn Crispell, a pesar de contar ya
con una dilatada trayectoria a sus espaldas, da tal impresión
de frescura y originalidad que no podemos por menos que pensar que aún
está por dar lo mejor de sí misma. "Amaryllis"
es la prueba de su gran capacidad (sin duda propulsada hacia cotas altísimas
gracias a su perfecto ensamblaje con Peacock y Motian), pero también
del enorme potencial de su discurso, un pianismo que, dadas sus características,
sólo puede verse limitado por barreras autoimpuestas. Para no
perdérselo.
Comentario: Jorge X.
(Fecha de la publicación: 21/02/2002)
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