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Una cosa buena que tiene Ash es
que cada uno de sus discos dibuja muy bien la situación
de la banda. Eso hace que difícilmente se repitan
y, al mismo tiempo, les permite medirse en distintos terrenos
comparando sus gustos personales con lo que el público
espera de ellos. Meltdown es un hito en la historia de la
música británica. Tres jóvenes irlandeses
que con unas canciones sencillas pero pegadizas y directas
consiguen enganchar a todo el mundo y convertirse en unas
auténticas estrellas de la noche a la mañana,
encabezando los más importantes festivales.
Ash regresan con un sonido más
duro gracias a la mano de Nick Rasculinecz, pero en el fondo
lo único que han hecho ha sido subir un poco más
el volumen de las guitarras, porque siguen siendo los mismos
de siempre. No hay más que echar un vistazo a los
angelicales juegos de voces de ”Evil Eye” o
la azucarada ”Won’t Be Saved”, localizar
en ”Orpheus” uno de los estribillos más
pegadizos en lo que va de temporada o el ritmo trepidante
del final del disco con ”Vampire Love”. Y si
”On A Wave” o ”Clones” llegan a
despistar un poco al personal, ahí llegan de nuevo
ese baladón marca de la casa titulado ”Starcrossed”
o las melodías juguetonas de ”Detonator”
y ”Renegade Cavalcade”.
“Meltdown” es ya, decididamente,
un disco de pop con algún que otro tema guitarrero.
El grupo se perfila bien en ese terreno y, actualmente,
compone canciones en las que el coro o el estribillo resultan
fáciles para el oyente. Del mismo modo, los interludios
que recuperan el rock abundan en lo melódico y no
rompen el conjunto de un modo radical. “Meltdown”
muestra, más que probablemente, el hecho de que,
actualmente, los gustos de los chicos de Ash coinciden,
más que nunca, con los gustos del público
mayoritario: música ligera con algún que otro
subidón que aporte marcha pero que no atruene. Impoluto,
muy digestivo y perfectamente asequible para cualquiera,
el álbum es un fiel retrato de los Ash del 2004.
Entrevista
por: Cristina Cuenca
(Fecha de publicación: 05/08/2004)
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